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	<title>6 Columnas &#187; Perfiles</title>
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	<description>Una Aventura en el Mundo de las Artes y Letras</description>
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		<title>Carlos Fuentes en la FILSA 2009: “En Chile entré a la Literatura en lengua castellana”</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 03:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura García</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias de Literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[De paso por la Feria Internacional del Libro de Santiago 2009, el laureado escritor mexicano Carlos Fuentes vino a presentar su obra “Adán en Edén”, una novela en la que toca los sensibles temas del narcotráfico y la violencia que aquejan al México actual. En conversación con el periodista y escritor Arturo Fontaine y la periodista Cecilia Rovaretti, Fuentes habló del poder, de la libertad y de la marca que dejó haber vivido parte de su juventud en Chile.

6Columnas.com estuvo presente en este evento y aquí les traemos un resumen de lo más destacado que dijo el maestro.

Con esto concluimos toda la cobertura de la Feria del Libro de Santiago en su versión 2009. Pueden leer todos los artículos en la sección “Especiales” de nuestro sitio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1028" title="carlos fuentes 8" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/carlos-fuentes-8-280x120.jpg" alt="carlos fuentes 8" width="280" height="120" /><em>El maestro mexicano Carlos Fuentes &#8212; el más esperado de la Feria, sin duda &#8212; llegó para presentar su obra “Adán en edén”. Con él conversaron Arturo Fontaine y Cecilia Rovaretti. Rebosante de buen humor y de energías a sus 81 años, Carlos Fuentes se explayó sobre esta su última novela en la que aborda los temas más espinosos de la actualidad mexicana: el narcotráfico, la violencia, el crimen. Pero también habló de la literatura, de la novela como “género de géneros” y regaló a todos los asistentes a su presentación en la Sala de las Artes motivos para reír con sus ocurrencias, entre otras, decirle a los presentadores al final de cada una de sus intervenciones “no sé si contesto bien a su pregunta”. Adán en edén es la narración en primera persona de Adán Gorozpe, un millonario que llegó al poder económico gracias a un muy buen casamiento y quien fue tentado también por el poder político, gracias a una propuesta de su antagonista, el corrupto Adán Góngora. La novela está compuesta por una trama de misterio, pero con un final abierto, y las reflexiones de Adán Gorozpe como voz principal giran en torno al tema del poder, su naturaleza, la libertad y también aspectos de su vida y de cómo se ve a si mismo cuando ya tiene tanto poder. ¿Qué más decir? No le queda mucho a esta cronista, es mejor que hable el maestro.</em></p>
	<p><strong>Los poderes que hay en “Adán en edén”.</strong></p>
	<p>«En la novela hay muchos poderes y yo creo que el menor es el poder literario porque se engaña mucho a sí mismo, es un poder que<img class="alignright size-full wp-image-1029" title="carlos fuentes 6" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/carlos-fuentes-6.jpg" alt="carlos fuentes 6" width="252" height="267" /> se cree poder y no es tan poder. Aquí hay la historia de un hombre, el hermano de la protagonista, Abelardo, a quien su padre regaña, porque su padre es el rey del biscocho, es un hombre que ha hecho fortuna con panaderías. Y regaña a su hijo por que no se dedica a a los negocios por que no hace dinero ,que quieres ser, eres un vago, lo trata my mal. Entonces el sale a buscar trabajo Primero se acerca al mundo literario le va muy mal y luego se acerca al mundo de la televisión y le va peor. Finalmente entra a un mundo seudo-religioso místico. En el que descubre una veta e n un niño  que se presenta como el niño dios. No engaño a nadie yo soy un niño que va a la escuela, tengo 11 años y me pongo una peluca rubia unas alitas y salgo a predicar y la gente me sigue y se reúne en Insurgentes y me oyen. Entonces él decide ser un poco el gerente de este niño dios, habiendo fracasado en su intentos de obtener el poder literario o el poder de los medios de comunicación.</p>
	<p>El tema del poder en esta novela pues es central. Esta es una novela muy periodística  en el sentido de que me propuse hacer una novela basada mucho en noticias. La literatura, la novela ha sido siempre un terreno muy vasto, un género de géneros.»</p>
	<p><strong>La presencia femenina de “Adán en edén”</strong></p>
	<p>Cecilia Rovaretti le pidió a Carlos Fuentes que hablara un poco sobre la presencia femenina en esta novela y él dijo:</p>
	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1030" title="mesa carlos f" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/mesa-carlos-f-280x120.jpg" alt="mesa carlos f" width="280" height="120" />«La novela es narrada por Adán en primera persona, y eso ya le da un tono a la novela porque da a entender Adán todo lo que es, pero el lector sabe más sobre Adán de lo que Adán quiere decirnos, lo cual es un juego dentro de la novela que puede ser eficaz o no. Adán tiene estas relaciones con su familia, con el mundo y finalmente con el poder y con el crimen, porque al cabo de cuentas su gran antagonista es un hipotético jefe de la policía, que es Adán Góngora, es otro Adán que además seduce a la mujer de Adán Gorozpe, con lo cual Adán se siente muy halagado de quitarse a Priscila de encima, que es una señora bastante terrible, aburrida y grosera y tonta sin saberlo, ¿verdad?. Y su mundo es su mundo privado con Ele, entonces hay muy poca presencia de las mujeres en la novela porque es una novela que tiene sobre todo un trasfondo de crimen un trasfondo de violencia y un primer plano grotesco, un poco de comedia negra si se quiere, y un narrador que es más de lo que él dice pero que es tanto como el lector sospecha y sabe Y ahí es donde las cosas se complican un poco sobre todo en las relaciones con Ele que Cecilia le atribuye la feminidad pero no sabes, nunca se dice en la novela si Ele es un hombre o una mujer.»</p>
	<p><strong>El tiempo e</strong><strong>n la novela</strong></p>
	<p>«Uno al escribir una novela está anclado en su momento, en su tiempo y en su espacio. Pero está tentado, a veces sin quererlo, de <img class="alignright size-medium wp-image-1031" title="mesa carlos fuentes" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/mesa-carlos-fuentes-280x120.jpg" alt="mesa carlos fuentes" width="280" height="120" />escribir también para el pasado y para el porvenir. Yo creo que de los tiempos humanos el presente es el lugar de todos los tiempos, en el presente recordamos y eso es el pasado, en el presente deseamos y eso es el porvenir y esta novela no escapa a ese signo novelesco en el que se apuesta que la novela va a recuperar algo del pasado porque ella misma va a ser pasado muy pronto. Don Quijote se publicó en 1602- 3 y bueno está vivita y coleando y antes de don quijote no era imaginable el mundo de don quijote hasta que aparece la novela y tiene una vida propia y una vida que se ancla en el pasado porque es heredera de la picaresca, del Lazarillo de Tormes, de las novelas de caballería, de todos los géneros, pero también se dirige al lector futuro, yo siempre he sostenido que el próximo lector de don quijote aún no nace, la novela está hecha para el lector del porvenir, no con una intención programática de cervantes, es así, esa novela pervive y está esperando siempre la aparición del siguiente lector y yo creo que este es el gran secreto de la escritura: escribir sin quererlo de una manera no programática para el escritor posible, el escritor que no ha nacido sí, pero también el escritor posible en un mundo actual, es un propósito que le da su vigor  a la novela, que le da su fuerza.</p>
	<p>(…)¿Qué hay en un nombre? es lo que uno se pregunta; ¿qué hay detrás de un nombre? ¿por qué escribe uno? ¿por qué pone uno nombres? ¿por qué bautiza uno a toda una pléyade de personajes? Porque es lo que reclama el presente, y lo reclama porque el presente quiere recordar y porque el presente quiere desear y cuando unimos esos tres tiempos en una novela, es cuando hacemos el arte de la novela, la novela es inseparable del tiempo, no es historia pero es tiempo. Ha habido tiempos sin novela, pero nunca ha habido una novela sin tiempo una novela que se define a si misma por haber retratado el tiempo.»</p>
	<p><strong>Sobre el surgimiento del narrador de Adán en edén</strong></p>
	<p><img class="alignleft size-full wp-image-1032" title="carlos fuentes 2" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/carlos-fuentes-2.jpg" alt="carlos fuentes 2" width="193" height="249" />«Y uno tiene un plan general, más o menos sabe cómo empieza, pero no sabe lo que va a pasar terminar mas tarde. A mi me sucede una cosa y es que soy bastante disciplinado y digo en la noche: ‘bueno me siento y este va a ser mañana mi trabajo y este es mi capítulo’, y me acuesto y duermo y me levanto y me siento y me sale algo completamente distinto. Hay elementos pero hay algo novedoso, algo que no había previsto, algo que viene del sueño, del inconsciente del subconsciente, de la pesadilla de una memoria resucitada, no sé de donde hay algo que añade la novedad ante el propio autor, el propio autor se sorprende de cosas que no estaban previstas y que aparecen de repente en la página, bueno, eso he tratado en esta novela de atribuírselo al propio narrador que el narrador sepa muchas cosas pero no todas (…) Si yo escribo esta novela con un personaje que sabe lo que va a pasar sería la novela más aburrida del mundo y tendría tres páginas además, no más. En cambio lo que produce la intriga es que el propio narrador está asombrado de lo que sucede, siente que tiene un gran poder pero no un poder total, que se le escapa  constantemente, por eso lee tantos periódicos, es una novela de un lector de periódicos, (…) hay mucha información de hechos nimios o hechos grandes en la novela que son los que finalmente le permiten a la novela revelarse como novela. Porque hay hechos de un señor que perdió un globo que fue a dar a quien sabe donde… qué se yo, veinte mil cosas que suceden, pero luego hay un misterio de la novela propiamente dicha y esto se resuelve en Buenos Aires cuando dos personajes que son escritores que son Sergio Ramírez y Tomás Eloy Martínez se sientan a discutir una novela que se llama “Adán en edén”, que es la novela que estamos leyendo y discuten sobre qué es esta novela y dónde va a ir a dar esta novela y qué significa de manera que la novela se vuelve tema de la noticia se vuelve el tema que discuten dos escritores en una nevería de Buenos Aires, todos son niveles que le dan a la novela pues una pluralidad de direcciones, de sentidos de significados, a fin de que la novela no termina. A mi me irritan mucho las obras terminadas, por eso me es imposible leer novelas de misterio, con Agatha Christie al final sabemos todo lo que hay que saber, se explica hasta el último detalle de quién es el asesino porqué asesinó se cierra el libro y ya no hay misterio y en consecuencia el libro se olvida muy pronto es muy difícil recordar la trama de novelas policiales por ese motivo, porque son novelas cerradas. En cambio yo quisiera escribir al estilo de muy grandes escritores novelas que finalmente les son entregadas a ustedes, al lector, es el lector el que termina la novela, es el lector el que le da su fin a su novela, o no se lo da, puede dárselo o puede no dárselo, pero la novela permanece como una gran puerta abierta, en la que no es el escritor el que concluye y dice fin aquí termina sino el que abre la puerta final al lector y a los lectores y a los descendientes de los lectores y posiblemente al futuro mismo, entonces por eso la novela termina como termina, sin cerrarse totalmente sino abriendo esta puerta que abren en una nevería de buenos aires Sergio Ramírez y Tomás Eloy Martínez.»</p>
	<p><strong>La actualidad que circula por “Adán en edén” y la mirada personal del autor.<br />
</strong></p>
	<p>«Toda novela tiene que tener un espacio, es inevitable y la actualidad se cuela por muchos lados. El Quijote, para volver a ese <img class="alignright size-full wp-image-1033" title="carlos fuentes 4" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/carlos-fuentes-4.jpg" alt="carlos fuentes 4" width="219" height="218" />ejemplo, está lleno de la actualidad de la monarquía de Felipe II que es cuando se escribe la novela. Y la novela no hace referencia alguna a los temas consagrados por la monarquía austríaca de España, al contrario, los evita y nos da todo lo que la monarquía prohibió sin decirlo, toda la burla, el antidogmatismo, la realidad alternativa, que está prohibida por la inquisición la trata Cervantes de una manera dulce simpática, entonces hay dos maneras de leer una novela, por lo que la novela dice y por lo que la novela deja de decir. Lo que la novela dice no es forzosamente lo que dice el autor aunque el autor lo escribe, esos son los misterios de la novela, que uno se suelta y deja correr una serie de cosas que no corresponden precisamente al pensamiento que expreso por otro lado en artículos de prensa, entonces soy muy claro respecto que es esto y esto y esto.  Aquí hay una especie de accidente continuo en esta novela, de una realidad que se cuela que impide a los personajes ser lo que quisieran ser, que les mete zancadillas que les inventa caídas, patrañas, toda una serie de accidentes que permiten que el mundo político y social de la actualidad esté presente con un factor creativo de la novela. Con un factor que le impide a un personaje ser lo que quisiera ser y usar el poder como le gustaría usarlo porque hay una realidad que le dice ‘chinga tu madre, así no’. Y no. Le impone verdades, le impone caminos, para eso está eso ahí para referirse al personaje y decirle al personaje te enfrentas a este mundo tú no lo hiciste o si lo hiciste contribuiste a hacerlo pero este mundo te está imponiendo condiciones señalando caminos y qué haces con él la respuesta es una novela. Es esencial para entender esta novela saber que hay un mundo afuera de los personajes un mundo que niega a los personajes que los entorpece, que se burla de ellos, que les impone necesidades miserias accidentes de todo tipo. Nadie escapa de esto.</p>
	<p>Y yo lo vivo como escritor. Escribo una novela que no puede ser solo mi voz. En una novela le doy un gran margen de libertad a lo que no soy yo a lo que piensan otros. A lo que los personajes deciden hacer y decir o dejar de hacer y dejar de decir (…) Hay un margen de autonomía de la novela y la propia novela se escapa de las manos del novelista y se desarrolla y le crea obstáculos no tanto al novelista, sino a los personajes de la novela que quisieran un mundo determinado y seguir un camino cierto y no pueden porque hay otros hombres y otras circunstancias que le están diciendo por ahí no detente regresa desvíate así se escribe finalmente una novela con todos esos accidentes de la vida real que los sufrimos todos pero que indican que el novelista no es el rey de la creación que no es el dueño de su propio material que el material se le escapa se le impone. Hay un elemento lúcido, lógico de la escritura, pero otro lado muy misterioso que es el más bonito de todos que te viene de una pesadilla, te viene de noche, te viene de las maneras mas raras del mundo y que te dice &#8211; ‘escribe esto – ‘pos no quiero’-‘pos lo escribes’. Y lo escribes.»</p>
	<p><strong>Chile</strong></p>
	<p><img class="alignleft size-full wp-image-1034" title="carlos fuentes 1" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/carlos-fuentes-1.jpg" alt="carlos fuentes 1" width="145" height="230" />«(…)Ir a Chile, tomar entonces de Nueva York a Valparaíso, diecinueve días el viaje. Te decían diecienueve días porque el barco hacía paradas en todos los puertos… era un cambio de mundo, yo tuve la gran fortuna de sentir Chile siempre como mi casa, y me hice de muy buenos amigos que conservo hasta hoy.</p>
	<p>Entré muy de lleno a la literatura de lengua española. Teníamos un profesor muy bueno que se llamaba Durán y él era muy consciente de acercarnos a la literatura en lengua castellana. ¿Qué es lo primero que nos da a leer? Baldomero Lillo. Yo recuerdo haber entrado a la literatura en lengua castellana leyendo los retratos populares “Subsole” y “Subterra” de Baldomero Lillo, pero al mismo tiempo nos obligaba a leer a Neruda y a Gabriela Mistral y a Huidobro, de manera que tenía yo un mundo de cercanía a la lengua española que además se complementaba con mi pasión, verdad, pasión, por la política chilena porque no había estado en un país en donde la vida fuese tan agitada, tan intensa tan verbal. Yo no me perdía un mitin del teatro Caupolicán, no me lo perdía por nada, yo quería oír a Marmaduque Grove perorar, a Raúl Morales, a toda la gente de la política de entonces que estaban en el momento de la transición de la muerte de Pedro Aguirre Cerda, en el interinato de Arancibia, y la nueva elección que le dio el poder a Juan Antonio Ríos, Fue un momento muy agitado de la política chilena, Salvador Allende era ministro de salud del gobierno de Arancibia, yo me compenetré muchísimo de lo que es la vida política Latinoamericana gracias a esa experiencia de mi juventud; yo tenia 14 años y me interesaba enormemente lo que estaba pasando. Era yo lector asiduo, asiduo, del Topace me maravillaba que hubiese una revista satírica tan feroz que tratase tan mal a los políticos, no les perdonaba nada.</p>
	<p>En fin que vivir en la avenida de Los Leones ir a la escuela en bicicleta, ver los cambios de estación en Chile, la primavera chilena es una maravilla, como florece todo, la comida chilena, las frutas, los mariscos de Chile, que son únicos porque vienen del agua fría del pacífico y no los tenemos en México, en fin, que toda una cultura una civilización chilena que se volvió parte de mí que hasta el día de hoy es algo que me formó: la siento en mi corazón, en mis tripas, por todos lados circula esa cultura de ustedes esa vida de ustedes que me dio muchísimo.»
</p>
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		<title>Boris Vian y su autopista imposible</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/10/21/boris-vian-y-su-autopista-imposible/</link>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2009 02:07:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Andrés Almeyda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Un perfil sobre el autor francés a cincuenta años de su muerte.
El pasado 23 de junio de 2009 y cincuenta años después del preestreno de la versión cinematográfica de Escupiré sobre vuestra tumba, novela publicada en principio bajo el nombre de Vernon Sullivan, se cumplió el aniversario de muerte, de  uno de los artistas más versátiles de que se tenga noticia en la literatura francesa, Boris Vian.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong> </strong></p>
	<p><strong> </strong></p>
	<p><strong> </strong></p>
	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-708" title="boris vian" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/boris-vian-280x120.jpg" alt="boris vian" width="280" height="120" />El pasado 23 de junio de 2009 y cincuenta años después del preestreno de la versión cinematográfica de <em>Escupiré sobre vuestra tumba,</em> novela publicada en principio bajo el nombre de Vernon Sullivan, se cumplió el aniversario de muerte, de  uno de los artistas más versátiles de que se tenga noticia en la literatura francesa, Boris Vian, músico, poeta, inventor, locutor, escenógrafo, escritor, crítico, periodista e ingeniero, y quien publicara parte de su obra narrativa desde la violencia visceral de un supuesto escritor de novela negra, un autor norteamericano de thrillers a quien Boris Vian servía supuestamente de traductor. A sus 39 años, Vian moría de un edema pulmonar en el hospital de Laennec, aunque el mito alrededor de su muerte asegure que un infarto lo sorprendiera en su butaca, justo en la presentación de la versión cinematográfica de esta novela.</p>
	<p>Cercano en su momento a escritores como Jean Paul Sartre o Albert Camus (escribió para <em>Les Temps Modernes</em> y <em>Combat</em> y <img class="alignright size-full wp-image-709" title="BORIS_VIAN" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/BORIS_VIAN.jpg" alt="BORIS_VIAN" width="190" height="267" />compartió con Camus la crítica musical y el gusto por el jazz), Boris Vian no dejó de parodiar el mundo literario desde la crítica social y el uso desmedido de la fantasía, como puede leerse en <em>La espuma de los días</em>, novela que recorre el mundo afectivo de dos parejas de jóvenes y en la cual la fatalidad pone al descubierto un rico universo de contradicciones, recorridos gastronómicos de un gusto bastante surrealista, así como un creciente desencanto cercano a la impotencia, al tiempo que pone en entredicho el fanatismo de uno de sus personajes, obsesionado enormemente con la filosofía existencialista. Así lo consigna Sophia Vázquez Ramón, periodista venezolana residente en Brasil, al subrayar su carácter de “novela de malos presagios, [que] eleva el patetismo al nivel de las tragedias humanas: padecimiento, belleza resquebrajada, crimen, suicidio, locura. Resuma por su mismo carácter, en contrastes y poesía, un juego verbal y simbólico tras el cual los atisbos inverosímiles de humor o representación fuera del discurso, son el soporte de esa noción de tristeza sabida que recorre las páginas del libro, a sabiendas que nada puede haber aquí sino decepción y pérdida irreparable”.  Dejando al descubierto un humor único plagado de absurdos y paisajes inverosímiles, Boris Vian reveló en su música y su literatura (ejemplo de su conocida canción antimilitarista “Le déserteur”), la necesidad crítica de desdibujar la aparentemente razonable realidad para dar cauce a una obra de cuestionamientos alrededor de la psicología humana, los roles sociales, el amor, el recuerdo, todo desde el ímpetu de un trompetista que mantiene el equilibrio en un escenario plagado de imposibles, “un ser único (…) que no piensa más que en verso/ y no escribe más que en música”, como puede leerse en uno de sus poemas traducidos no hace mucho en la cuidada edición de la editorial Hiperión.</p>
	<p><img class="alignleft size-full wp-image-710" title="mozzani_vian-meulle-stef" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/mozzani_vian-meulle-stef.jpg" alt="mozzani_vian-meulle-stef" width="184" height="248" />Aquel trompetista algo nebuloso e inquieto que escribiera ese magnífico relato “El amor es ciego”, parte de su libro de cuentos El lobo-hombre, en el que la aprehensión y el deseo son bañados extrañamente por un “aerosol afrodisiaco” que empuja a sus personajes a una desmedrada desnudez, me recuerda por mucho al personaje de la novela La magnitud de la tragedia de Quim Monzó, en tanto su personaje central, un trompetista en vera de los favores de la vedette de un teatro, es llevado a la locura tras padecer de una rara enfermedad, una erección permanente que no tardará en llevarlo a los extremos de la concupiscencia y la paranoia, aquí un tanto el designio de Priapea que Monzó no duda en usar como pretexto: <em>“¿Por qué me cubro las vergüenzas, me preguntas?… Piensa si algún Dios esconde su arma. El Señor del Mundo tiene un rayo que a la vista lleva, y no oculta su tridente el Dios Marino, ni esconde Marte la espada que es su fuerza”. En Vian, esa tragedia es un indicador, un índice que va delimitando su propia forma de deconstruir lo subjetivo para darle un carácter incluso más despiadado y absurdo. En “El amor es ciego”, Orvert, que como buen francés de espíritu cartesiano ha de dudar de las cosas incluso cuando estas han sido diagnosticadas, pone a prueba aquel aerosol dejando al descubierto la parte más embarazosa de su anatomía (“…al tenderle la mano, encontró cierta cosa rígida que soltó con asombro”), para luego empujar a otros a copiar tan particular comportamiento, amén de la neblina que enceguece la ciudad. </em></p>
	<p><em><br />
</em></p>
	<p>Autor de teatro y miembro del Colegio de la patafísica, la ciencia de lo no probable, Boris Vian visitó en sus novelas algunos parajes irreales (el mejor ejemplo puede verse en su  novela <em>La hierba roja </em>que retoma gustos del autor por la ciencia ficción, como es el caso de <em>La Máquina del tiempo</em> de G.H. Wells, y en donde sus personajes intentan borrar su recuerdos tras inventar una maquina enorme para ello) a la vez que quiso poner en entredicho tesis como las del psicoanálisis, en una novela que no corrió entonces con mucha suerte, <em>El arrancacorazones, </em>y que cuestiona instituciones como la familia, arremete de nuevo contra el existencialismo desde una óptica que retoma el conflicto ‘vianesco’ entre la infancia y la vida adulta.</p>
	<p>Cercano a figuras del jazz como Duke Ellington, Jhon Coltrane o Milles Davis, Boris Vian cultivó sobretodo un ejemplar método creativo, en tanto la fragilidad que mostró desde muy joven, enfermo del corazón desde antes de cumplir sus veinte años,  le permitió hacerse aún más vital a través de un descontento sublime que le delataba como un compositor y escritor en búsqueda de ese sonido perpetuo, casi irreal, que le salvara de esa inevitable autopista hacia la nada: “el odio a lo inútil” denunciado por uno de sus personajes más autobiográficos, el ingeniero Wolf en la novela <em>La hierba roja: </em>“va ver usted cómo se desata una de las pasiones que han dominado mi existencia: el odio a lo inútil”.</p>
	<hr size="1" /><br />
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		<title>Teresa Wilms Montt</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 05:12:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura García</dc:creator>
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		<category><![CDATA[vicente huidobro]]></category>

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		<description><![CDATA[Teresa Wilms Montt revisitada.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-452" title="teresa wilms montt3" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/teresa-wilms-montt3-280x120.jpg" alt="teresa wilms montt3" width="280" height="120" />La vida de Teresa Wilms Montt ha cautivado a los lectores chilenos tanto como su obra. Si bien su nombre no está prendido en la memoria colectiva como el de Pablo Neruda o Gabriela Mistral, el interés por esta escritora chilena ha crecido en los últimos tiempos gracias, en gran parte, a la reciente película basada en su vida, una realización de la directora chilena, Tatiana Gaviola, también marginada mucho tiempo, como la protagonista de su film.</p>
	<p>Teresa Wilms Montt nació en 1893 en Viña del Mar en el seno de una familia acomodada. Fue educada con esmero por institutrices, y muy joven, a la edad de diecisiete años y en contra de la voluntad de su familia, contrajo matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés, con quien tuvo a sus dos hijas Elisa y Silvia Luz. Sin embargo, la relación de Teresa y Gustavo se deterioró debido que él no soportaba los intereses literarios de ella, ni que participara en las actividades culturales y tertulias de la época, sumado esto al hecho de que el innegable talento de Teresa la convertía en una mujer sobresaliente en cualquier circunstancia y lugar.</p>
	<p>Durante la crisis matrimonial, Gustavo se refugió en el alcohol y Teresa tuv<img class="size-medium wp-image-445 alignright" title="Teresa_Wilms_Montt2" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/Teresa_Wilms_Montt2-280x120.jpg" alt="Teresa_Wilms_Montt2" width="280" height="120" />o una relación con el primo de su marido, Vicente Balmaceda Zañartu, conocido también como “El Vicho”. Esta fue la gota que rebalsó la copa, y en 1915 Gustavo Balmaceda convocó a un tribunal familiar en el que acusó a Teresa de adúltera y libertina, y consiguió que fuese enclaustrada en el convento de la Preciosa Sangre. De esta forma la alejaba no sólo de la vida artística y literaria que deseaba emprender Teresa y  de su amante Vicente, sino también de sus hijas.</p>
	<p>En 1916 Teresa huyó a Buenos Aires, escapándose del convento con la ayuda de nada menos que Vicente Huidobro. Existen además rumores de que fueron amantes. Una vez en la capital argentina, Teresa pudo escribir libremente<strong>: </strong>publicó en la revista Nosotros y  también, con mucho éxito en los círculos culturales de la gran ciudad, su  primer libro: <em>Inquietudes sentimentales. </em>Ya en esta obra Teresa comienza a experimentar con visos de erotismo en sus versos, aludiendo siempre a la tan añorada libertad de la que ella se vio privada: «Detesto las prendas de vestir olvidadas sobre la cama; hay entre ellas y los muertos mucha analogía. Vi una vez, en un asilo, a una loca muerta; y era lo mismo que ver un trapo violáceo tirado dentro del ataúd<em>».</em></p>
	<p>La vida de Teresa nunca dejó de ser novelesca. Una vez en Buenos Aires cautivó al joven doctor y poeta Horacio Mejías, más conocido como Anuarí, quien inspiraría un libro homónimo de la poeta chilena. Anuarí amó como ninguno a Teresa, se atrevió a reconocerla como escritora en una sociedad que se negaba a darle credenciales, pero no soportó vivir con la certeza de que ella nunca sería suya y se suicidó, finalizando así trágicamente la relación.</p>
	<p>Además de Buenos Aires, Teresa viajó a Nueva York, en donde intentó sin éxito ser enfermera voluntaria durante la Primera Guerra Mundial, y a Barcelona. Su vida intensa la llevó de peregrinaje también por Granada, Sevilla y Madrid, en donde conoció a otros connotados escritores de la época, entre ellos Ramón del Valle-Inclán, quien prologó sus tres libros publicados en España: <em>En la inquietud del mármol, </em>donde abordó con apasionamiento la  muerte, <em>Los tres cantos</em>, donde  exploró el erotismo y una suerte de mística poética y <em>Anuarí.</em></p>
	<p>Estos dos últimos, junto con <em>Páginas de mi diario</em>, <em>Con las manos  juntas </em> y <em>Del Diario de Sylvia</em>, se reunirían póstumamente, en 1921,  en el volumen <em>Lo que no se ha dicho&#8230;</em></p>
	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-446" title="teresa" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/teresa-280x120.jpg" alt="teresa" width="280" height="120" />De su prosa poética destaca ese <em>diario de Sylvia, </em>subtitulado  “Apuntes para una novela”.</p>
	<p>En esta obra, Teresa pone mucho de sí misma en Sylvia, la protagonista, especialmente la necesidad de comunión con la naturaleza y la necesidad constante de escapar de los hombres (la humanidad). Se distancia y observa que los demás están perdidos en una suerte de caos, mientras ella se entrega a la reflexión. El tono de la obra no está exento de misticismo desde su mismo comienzo<strong>: </strong></p>
	<p>«<em>En el altar de mi Templo hay tres retratos,  muchas flores marchitas, unos  zapatitos  de niño y un libro cerrado.</em></p>
	<p><em>En el altar de mi Templo hay una campana ronca que va señalando a mis pasos la eternidad; y un cofre de madera obscura donde encontró su lecho mi corazón.</em></p>
	<p><em>En el altar de mi Templo hay tres nombres grabados, que son un suave milagro, que aflojan mis dedos apretados por la ira de un gesto de dádiva, que destierran de mi labio la maldición y hacen que una serena indulgencia consuele a 1os hombres en su miserable lucha por la vida.</em></p>
	<p><em>En la cúspide de mi Templo están unidos en  estrecho abrazo el Perdón y la Muerte</em>».</p>
	<p>En 1920, Teresa tuvo la oportunidad de reencontrarse en París con sus hijas, a quienes no veía desde que huyó de Chile. La partida de ellas, sin embargo, la sumió en una profunda depresión y enfermó gravemente. Murió a la edad de 28 años, debido a una sobredosis de Veronal, y dejando en las últimas páginas de su diario esta frase<strong>: </strong>«<em>Morir, después de haber sentido todo y no  ser nada&#8230;</em>»
</p>
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		<title>Ian MacEwan y la innovación del contenido</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 14:14:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alida Mayne-Nicholls</dc:creator>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Perfiles]]></category>
		<category><![CDATA[Ian McEwan]]></category>
		<category><![CDATA[Ian McEwan en Chile]]></category>

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		<description><![CDATA[El autor de Expiación habló de su estética literaria en una reciente charla realizada en Santiago, ante un público muy numeroso, que hizo preguntas y pidió que le firmara sus libros. El escritor inglés se dio tiempo para realizar una lectura, hablar de su forma de escribir y plantear sus puntos de vista acerca de la novela, el calentamiento global y las ciudades. A continuación algunos de esos momentos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-216" title="mcewan_chile01" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/09/mcewan_chile01-280x120.jpg" alt="mcewan_chile01" width="280" height="120" />Ian McEwan tiene clara la estética de su literatura y sabe exponer eso ante una audiencia, sin problemas, con sentido del humor y claridad, como lo mostró <strong>el pasado 22 de septiembre en una charla que dio en la UC, invitado por el seminario La ciudad y las palabras.</strong></p>
	<p>Ante un auditorio numeroso, el escritor inglés comenzó con un regalo, una lectura del primer capítulo de <em>Solar</em>, su nueva novela, aún inédita. En el texto, en el que relataba episodios cotidianos de su protagonista Michael Beard –un científico al que describió como inteligente, pero autoindulgente-, mostraba una de las características de sus obras, la facilidad para levantar narraciones de hechos comunes, incluso insignificantes, pero que terminan configurando la personalidad de sus personajes.</p>
	<p><strong>El libro se centra en acontecimientos a nivel humano –cotidianos como ya había mencionado-, pero con un trasfondo mayor: el calentamiento global, un tópico por el cual se ha mostrado públicamente preocupado.</strong> En dicho sentido, se relaciona con otra de sus novelas, <em>Sábado</em>, en la cual el drama humano –en ese caso un día en la vida del neurocirujano Perowne- convivía con los momentos previos a la invasión a Irak realizada por Estados Unidos e Inglaterra, otro hecho contra el cual McEwan se ha manifestado.</p>
	<p><a rel="attachment wp-att-23567" href="http://www.6columnas.com/?attachment_id=23567"><img class="alignright size-medium wp-image-23567" title="mcewan_chile02" src="http://revistalapagina.com/wp-content/uploads/mcewan_chile02-280x120.jpg" alt="mcewan_chile02" width="280" height="120" /></a>Lo dijo en su presentación: el mundo es tan vibrante, cambiante, dinámico, que hay muchísimo sobre lo cual escribir. Por eso él considera que la mejor forma de ser innovador es a través del contenido y no a través de la forma. Habiendo tanto tema, sostuvo, “<em>no es necesario escribir una novela sin la letra E</em>”. Su posición fue clara al respecto, a tal punto que usó a James Joyce como ejemplo, en particular su obra <em>Finnegan’s wake</em> –famosa por la innovación formal- a la que declaró como prácticamente imposible de leer, a pesar de estar escrita por un genio.</p>
	<p>Teniendo en cuenta lo anterior, se podría ver a McEwan en términos más bien conservadores. De hecho, él mismo se confiesa un fanático de los constructores de personajes del siglo XIX desde Jane Austen a Dostoievsky. “<em>El lenguaje está ahí y es grandioso</em>”, sostuvo en la charla, apoyando una vez más su opción por ir variando los contenidos de sus libros.</p>
	<p>Tal vez es por eso que manifestaba que <strong>lo que más queda en una lectura no es la temática general de la obra, sino un detalle –o varios-, un pequeño episodio, escrito de tal manera, que hace que la novela sea inolvidable, que atrape y que se distinga por sobre las demás</strong>. Por supuesto, no se trata de llenar de detalles –manifestó-, sino de uno o dos que son capaces de armar una situación o un episodio, como en la lectura que realizó de Solar, en la que, mediante un paquete de papas fritas era capaz de articular el personaje.</p>
	<p><a rel="attachment wp-att-23565" href="http://www.6columnas.com/?attachment_id=23565"><img class="alignleft size-medium wp-image-23565" title="mcewan03" src="http://revistalapagina.com/wp-content/uploads/mcewan03-280x120.jpg" alt="mcewan03" width="280" height="120" /></a>Tampoco quiere decir que es tan conservador que no acepta otras lecturas ni está pegado en temas políticamente correctos, todo lo contrario y acá manifestó, por ejemplo, <strong>su gusto por Roberto Bolaño y su novela 2666</strong>.<br />
En cuanto al tema político, nunca lo ha esquivado y es usual encontrar la veta de crítica social jugada en sus escritos, ya sea acerca del calentamiento global o la invasión a Irak. Respecto de esta última manifestó que “<em>los costos han sido muy altos, no hay duda</em>” y planteó que si Bush o Blair pudieran retroceder en el tiempo y deshacer el lío sin que nadie se diera cuenta, lo harían.</p>
	<p>El autor no sólo habló de su trabajo, sino también sobre Londres, la ciudad en la que vive, después de todo el seminario se llama La ciudad y las palabras y lo organiza la Facultad de Arquitectura UC. <strong>Sobre las ciudades en general se manifestó más optimista que negativo.</strong> Antes que pensar en la violencia o en el desarraigo, le pareció “<em>extraordinario</em>” que cinco o diez millones de personas habiten un mismo y limitado espacio y se las arreglen para llevarse relativamente bien.</p>
	<p>Pudo extender esa idea sobre Londres al hablar de la mejora que ha tenido la ciudad desde los años 70, desde el hecho de que es más limpia y tolerante, lo que se refleja en una exitosa reunión de distintas razas y culturas. “<em>Siento cierto orgullo al ver eso, aunque tenemos dificultades, pero lo hacemos mejor que París</em>”, sostuvo ante las risas de los asistentes. No sería la única broma de la tarde ni tampoco la única broma sobre la tradicional rivalidad entre Inglaterra y Francia.</p>
	<p>Finalmente, quiero mencionar una de las últimas citas de McEwan: “<em>Cada vez que termino una novela pienso que todo lo que sabía está en esa novela y que ahora ya no sé nada. Y es agradable ese sentimiento</em>”. La saco a colación porque me parece que hay también una cierta invitación ahí, a seguir buscando y descubriendo cosas, a seguir asombrándonos y –si no escribimos- a seguir leyendo.
</p>
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