<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>6 Columnas &#187; Crónica</title>
	<atom:link href="http://www.6columnas.com/temas/literatura/cronica/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.6columnas.com</link>
	<description>Una Aventura en el Mundo de las Artes y Letras</description>
	<lastBuildDate>Sat, 03 Apr 2010 16:48:52 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>&#8220;Setenta años&#8221;: crónica de Joaquín Edwards Bello</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/12/26/setenta-anos-cronica-de-joaquin-edwards-bello/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/12/26/setenta-anos-cronica-de-joaquin-edwards-bello/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 04:18:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Equipo 6Columnas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>
		<category><![CDATA[el inútil]]></category>
		<category><![CDATA[el roto]]></category>
		<category><![CDATA[joaquín edwards bello]]></category>
		<category><![CDATA[joaquín edwards bello cronista]]></category>
		<category><![CDATA[nuevs crónicas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1374</guid>
		<description><![CDATA[Joaquín Edwards Bello nació en Valparaíso en 1887. Provenía de una familia acomodada, su padre fue cofundador del Banco Edwards y su madre era nieta del humanista Andrés Bello, sin embargo, se negó a seguir la educación tradicional que su padre quería para él y se dedicó a la literatura y el periodismo. En la literatura se destacó como novelista y son sus obras más importantes "El roto" y "El inútil". En el periodismo se destacó como cronista. Hizo gala de una profunda ironía; desmenuzó y criticó a la sociedad de su época, incluyendo ese sector adinerado al que él pertenecía; criticó costumbres, personajes y estereotipos con aguda visión y humor. 

En 6Columnas.com reproducimos uno de las crónicas que figuran en el libro "Nuevas Crónicas". En esta crónica seleccionada, Edwards Bello nos cuenta qué se siente cumplir setenta años. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p style="text-align: center;"><strong>SETENTA AÑOS (1957)</strong></p>
	<p style="text-align: right;"><strong>Por: Joaquín Edwards Bello</strong></p>
	<p><a href="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/12/joaquin-edwards-bello.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1375" title="joaquin edwards bello" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/12/joaquin-edwards-bello-280x120.jpg" alt="" width="280" height="120" /></a>En mayo de 1887 me bautizaron en la iglesia del Espíritu Santo en Valparaíso. En el sitio de la iglesia se levanta hoy un edificio de departamentos. Donde menos se asoma el espíritu santo. Un buen par de zapatos valía dos pesos. Nací en la calle del Teatro, donde estaba el Teatro Odeón, que el año anterior había creado las tandas a chaucha.</p>
	<p>Dicen que no represento setenta años. Voy a responder como don Crescente Errázuriz:<em> </em></p>
	<blockquote><p><em>- Es cierto. Tengo setenta y represento apenas sesenta y nueve y medio. </em></p>
	<p><em>- Es que no se habrá machucado  -  dice otro. </em></p>
	<p><em>- Es cierto. Huyo de las situaciones machucantes. No he querido ser presidente de nada. Ni de las poblaciones callampas. Ya saben. ¡No me vengan con presidencias!</em></p></blockquote>
	<p>Nadie podrá probarme que es superior uno que vive muchos años a otro que vive menos.</p>
	<p>Cuentan que llevaron ante un sultán a su peor enemigo, prisionero. El captor iba a degollarlo en su presencia cuando el sultán lo detuvo, diciéndole: No. No lo mates. Sería hacerle un favor. ¡Déjalo vivir!</p>
	<p>No acepto este juicio. Es castigo vivir cuando se es diabético, paralítico, patuleco y pobre. En cuanto a mí me concierne quiero vivir hasta ver qué pasa con lo de la bomba atómica, lo de la paz universal y lo del metropolitano de Santiago.</p>
	<p>Me queda mucho cerebro por estrenar. Azorín aseguró que escribimos por vanidad. El admirable Préndez Saldías dice que el objetivo del escritor es <em>fregar la pita</em>. Yo escribo para llamar la atención. Si no llamara la atención ya me habrían chafado en el diario. Si no escribiera estaría muerto. El filósofo Kierkegaard dijo: &#8220;Scherezade, de Las mil y una noches, salvó la vida contando fábulas al sultán. Yo salvo la mía escribiendo fábulas&#8221;.</p>
	<p>A veces pienso seriamente que soy dueño de verdades indispensables. Que si todos me leyeran podría aliviar al mundo. Escribo como iluminado. He visto una cantidad de mundo increíble.</p>
	<p>He sobrepasado el término medio de la vida del ciudadano de mi tierra. He pasado lejos el largo de la vida del hermano conejo, de los hermanos perro, gato, cabra, caballo, camello y león.</p>
	<p>Conejo, cinco años.</p>
	<p>Perro, quince.</p>
	<p>Gato, trece.</p>
	<p>Cabra, quince.</p>
	<p>Oveja, doce.</p>
	<p>Caballo, veinticinco.</p>
	<p>Camello, cuarenta.</p>
	<p>León, cuarenta.</p>
	<p>En años de vida me la ganan el elefante, con ciento; el cocodrilo, trescientos; la tortuga, cuatrocientos, y la ballena, quinientos. En aves me la ganan el papagayo, el águila, el cisne y el cuervo. En cambio, tengo la edad de siete tordos y seis perdices.</p>
	<p>El papagayo, el ave más semejante al periodista, suele vivir hasta ochocientos años.</p>
	<p>Un conquistador español encontró en la más remota región tropical un loro que decía palabras del lenguaje de una tribu que había sido extinguida trescientos años antes. Hay periodistas como ese loro.</p>
	<p>El gato suele vivir veinte años. Hasta los diez goza de terribles crisis de amor. En adelante contempla su pasado de aventuras como el abate Casanova, y duerme. A veces, como el perro, sueña y tiene pesadillas. Amado Nervo dijo del gato: &#8220;Diez años de aventuras voluptuosas y diez de contemplación&#8221;.</p>
	<p>-¿Cuál es el secreto para alcanzar una larga vida?</p>
	<p>-No creo en secretos ni en sistemas especiales.</p>
	<p>El señor Churchill es un fenómeno de vitalidad. Ha fumado un habano tan grande como la torre Eiffel y ha bebido cantidades navegables de whisky. El mariscal Montgomery es otro fenómeno de vitalidad y no fuma ni bebe. En mi caso bebo a veces, nunca de noche. Nadie me quita el derecho a dormir desde las nueve  o diez. No tengo auto. No les dé por regalarme un Cadillac. Nada envejece tanto como el automóvil. He visto salir penosamente a un guatón multimillonario de su auto y me dije: &#8220;¡Dios me libre!&#8221;</p>
	<p>Era un pobre hombre con tutumas por todas partes. Su cogote era el Himalaya.</p>
	<p>No creo en las virtudes de la jalea real. Las industriosas abejas viven solamente un año.</p>
	<p>Consejos: No hablar de la Clínica Santa María. Tratar con gente alegre. Tratar solamente con aquellos tipos pesados que no se pueden evitar. Huir de la peste de los vinos de honor.</p>
	<p>Andar y andar a pie es gran preservativo. Viajar en tren y en vapores antes que en autos o en aviones es buena costumbre. Buenas medidas son el queso suizo, las otras, el whisky y el choclo. Hablar bastante es un buen purgante. El exceso de vitalidad sin uso es tóxico.</p>
	<p>El poeta Browing dijo a su esposa</p>
	<blockquote><p>Envejece tú conmigo,<br />
lo mejor aún no ha venido;<br />
es la vida en su final,<br />
para el cual<br />
fue creado su principio</p></blockquote>
	<p>Crónica extraída del libro &#8220;Nuevas Crónicas&#8221; de Joaquín Edwards Bello. Selección de Alfonso Calderón. Ed. Zig-Zag, 1974.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/12/26/setenta-anos-cronica-de-joaquin-edwards-bello/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cuba en mí</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/12/13/cuba-en-mi/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/12/13/cuba-en-mi/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 13 Dec 2009 22:56:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Castillo Granada</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>
		<category><![CDATA[álvaro castillo granada]]></category>
		<category><![CDATA[cuba]]></category>
		<category><![CDATA[perspectivas cubanas]]></category>
		<category><![CDATA[pueblo cubano]]></category>
		<category><![CDATA[revolucion cubana]]></category>
		<category><![CDATA[san librario]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1286</guid>
		<description><![CDATA[Álvaro Castillo Granada es librero. Pero antes que librero, es un apasionado lector que ha logrado vivir por y para los libros. El oficio del librero, a veces tan poco grato económicamente, es, sin embargo, una puerta a experiencias que transforman la mirada de quein lo ejerce con pasión. Álvaro ha caminado muchas rutas en su vida, siempre con la mochila de los libros en el corazón. Ama a los libros y toda la belleza que con la que han llenado su vida y en una forma extraña de agradecimiento, los libros también parecen amarlo a él, lo buscan y deciden quedarse en la biblioteca de su casa, o en los estantes de su famosa librería de viejo en Bogotá: San Librario.

Como casi todos los lectores apasionados, Álvaro también escribe y ensaya las posibilidad de entregar, a través de su rica experiencia, otra mirada en un mundo a veces bastante escaso de perspectivas. De sus correrías y aventuras, la experiencia cubana lo ha marcado profundamente y en este artículo que nos envía desde Bogotá, por puro amor al arte, nos quiere contar por qué Cuba puede vivir en quienes la conocen. Por qué vive en él.  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1287" title="Beloved Cuba" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/12/Beloved-Cuba-280x120.jpg" alt="Beloved Cuba" width="280" height="120" />Creo que una de las posibilidades de la escritura es la de fijar miradas tal como queremos verlas y como queremos que otros las vean. Nunca sabremos por qué guardamos o no ciertos momentos en nuestra memoria. ¿Qué hace que recuerde, por ejemplo, a un niño de cuatro o cinco años de edad que ayuda a su papá a empacar unos libros y unos discos en unas cajas de cartón porque ya no va a vivir más en esa casa y no los senos de la mujer que amé cuando tenía veinte años? ¿Cuál de los dos es más doloroso? No lo sé. Ya no lo sé. Lo real es que hay cosas que guardo y que puedo volver a ver. Y algunas veces, contar.</p>
	<p>El tiempo que me habita no es únicamente el del paisaje y el espacio de la ciudad donde siempre he vivido. Hay otro, más lento y denso, que conmigo va. No sé ya si fue así pero no importa. A veces los recuerdos que contamos hay que rodearlos, cobijarlos, por una cierta leyenda.  Dotarlos de una invulnerabilidad ante las preguntas de los demás. Soy consciente de la existencia de Cuba y su revolución desde cuando, a los doce años de edad, leí su nombre y su leyenda en las páginas de <em>Confieso que he vivido</em>, de Pablo Neruda. Después, está un libro (uno de tantos de la biblioteca de sus padres) que me prestó David, mi hermano y compadre: <em>Cuba para principiantes</em>, de Eduardo del Río García, Rius.</p>
	<p>Ya lo he dicho y me lo he dicho muchas veces: la lectura de Neruda desató en mí un ansia de conocimiento, movimiento, aventura y compromiso que hasta el día de hoy me acompañan. Recuerdo que cuando lo terminé de leer comencé a hacer listas de libros por leer, lugares por visitar, vidas que estudiar… Lo más importante, creo hoy, que causó esa lectura en mí fue la certeza de que habría unos sueños que podría hacer realidad si quería y luchaba y trabajaba por ellos. Creó en mí la semilla de una voluntad en hacer algunas cosas verdad.</p>
	<p>El otro libro, el de Rius, me dio una versión en blanco y negro de una revolución que transformaba un pueblo. Ingenuo, parcial,<img class="size-medium wp-image-1288 alignright" title="colours of cuba" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/12/colours-of-cuba-280x120.jpg" alt="colours of cuba" width="280" height="120" /> voluntarista, maniqueo, esquemático, propagandista…cualquier adjetivo que queramos se lo podemos endilgar. Y más. Pero lo que causó ese libro en el niño que yo fui no lo puedo negar ni olvidar: una admiración sin límites, sin fronteras, por un pueblo que luchaba por cambiar su destino y hacer verdad los mejores sueños. Ya no lo tengo conmigo. Creí que todavía me acompañaba. Me levanté y fui al estante donde debería estar, acompañado por los otros libros de Rius. No está. ¿Dónde lo habré perdido? ¿A quién se lo presté? ¿Esa o ese todavía lo conservará? ¿Qué efecto ejerció en sus nuevos lectores? La historia del recorrido de un libro puede ser una novela de aventuras. Sería fascinante poder escribir la historia de un libro, las lecturas que han hecho de él sus poseedores y las perspectivas que les ha abierto. Algo así como unas conversaciones y convicciones de la lectura a través del tiempo. Si yo lo volviera a leer hoy, después de haber vivido mi Cuba, ¿qué diría? ¿Qué conservaría de aquel entusiasmo y fe absoluta en el destino y la voluntad?</p>
	<p>A los doce años de edad decidí (así fue) que algún día visitaría ese país y vería con mis propios ojos. Desde esa época, no me lo estoy inventando, creí en la revolución cubana con la simpleza y fe de los humildes: tenía que ser cierto. Tenía que ser así. En cualquier ocasión que se me presentara en el colegio (no faltaron) defendí a ese proceso con una pasión y vehemencia de la que no me arrepiento. Y no me desdigo. Para nada. Recuerdo unas discusiones terribles con compañeros y profesores. Pasaron muchos años, mucho tiempo y muchas, muchísimas lecturas, antes de que llegara, por fin, el mes de mayo del año 1995 en que por fin pude abordar un avión de Cubana y aterrizar en el aeropuerto José Martí. Estar en Cuba fue, para mí, volver en colores las fotografías, los relatos, las historias que traía conmigo desde siempre en blanco y negro. Llegué con una Cuba en mi mirada que chocó inmediatamente con la realidad del Período Especial. Abrí los ojos y vi más. Y eso, sin descontar dolores y sinsabores, me hizo amar (así suene “retórico y ornado”) absoluta y totalmente a ese pueblo.</p>
	<p><img class="alignleft size-full wp-image-1289" title="The_Bar_by_Talkingdrum" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/12/The_Bar_by_Talkingdrum.jpg" alt="The_Bar_by_Talkingdrum" width="245" height="162" />La palabra “pueblo”  cuando hablo de Cuba no es una fórmula o un teque: con su gente, en medio de su gente, me siento uno más. Y esa es para mí una de las maneras de la felicidad: ser uno más en medio de todos, caminar, compartir, ver, hacer. En la vida vamos reuniendo a nuestra familia, la que elegimos. Con esa se desarrollan lazos que nos abrazan. Tuve la inmensa, la gigantesca fortuna, de empezar a encontrar a mi familia cubana desde el primer momento. Al lado de ellos (ustedes saben quiénes son, se están sonriendo; no los voy a nombrar a todos porque con esta memoria mía se me va a olvidar alguno y con esa susceptibilidad cubana no es fácil…); con ellos, en ellos, han transcurrido ya van a ser quince años. Quince años de mi vida, de nuestras vidas… No he encontrado, no he conocido, pueblo más generoso, solidario, espontáneo, entrañable que el cubano. Esa es mi experiencia. Ese es el pueblo que me tocó por suerte a mí. Uno que fue capaz de abrirme su casa y recibirme como a uno más, uno que partió el huevo por la mitad para que comiéramos los dos, uno que hizo suyo un dolor de cabeza mío en junio de 1996 y no cesó de preocuparse por mí hasta que éste despareció, uno que sabe mi nombre y lo recuerda y me saluda por él. No podría hablar jamás mal de Cuba. No, porque para hacerlo tendría que ser cubano y vivir allí (cosa que algún día espero poder hacer). No creo que exista un país y un sistema político del cual todos se sientan con tanta autoridad para hablar (generalmente mal) como el cubano. ¿Por qué? Creo que porque en él queremos justificar todo lo que dejamos de creer y no pudimos ni quisimos hacer. Es como ver al que fuimos alguna vez y queremos olvidar. Y juzgar. Sobre todo eso: juzgar. No quiero decir con ésto, por supuesto, que me niegue a ver lo que no está bien, lo que no funciona, al absurdo que a veces abruma esa realidad tan calurosa. No. Porque amo y admiro a ese pueblo es por lo que sigo yendo, sin falta, año tras año. Sin esperar nada a cambio porque ya todo me lo ha dado. Siguiendo a José Martí, dos patrias tengo yo. Sin saber bailar, sin ser bebedor, sin ese tumbao que llevan en el cuerpo, sin la jodedera y el cubaneo que los hace inmunes a tantas cosas, sin ese fuego que llevan en la mirada, me siento en Cuba como en mi casa. Y eso no se siente en cualquier parte: sólo en aquel lugar donde el corazón se asienta y a su lado encuentra que más allá de todo y de todos, podemos ser hermanos y compañeros, saber que vale la pena. Cuba en mí, «como la astilla en la herida».</p>
	<pre style="text-align: right;"><strong>Las imágenes son parte de la galería \"The many faces of Cuba\" por Talkingdrum. Han sido tomadas de <a href=\"http://talkingdrum.deviantart.com/gallery/#The-Many-Faces-Of-Cuba\">aquí</a>.</strong></pre>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/12/13/cuba-en-mi/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Crónica de un homenaje a José Emilio Pacheco</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/11/30/cronica-de-un-homenaje-a-jose-emilio-pacheco/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/11/30/cronica-de-un-homenaje-a-jose-emilio-pacheco/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 00:25:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gilberto P. Miranda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[escritores mexicanos]]></category>
		<category><![CDATA[homenaje josé emilio pachecho]]></category>
		<category><![CDATA[josé emilio pachecho premio cervantes]]></category>
		<category><![CDATA[josé emilio pacheco]]></category>
		<category><![CDATA[monterrey]]></category>
		<category><![CDATA[poetas mexicanos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1185</guid>
		<description><![CDATA[En Julio del presente año se rindió homenaje al poeta mexicano José Emilio Pacheco en el marco de la FIL de Monterrey. El mexicano Gilberto P. Miranda nos cuenta en esta crónica los principales detalles de aquel homenaje que contó con presencia, entre otros, del peruano Julio Ortega y el colombiano Juan Gustavo Cobo. 

Hoy, José Emilio Pacheco recibe también el galardón más importante de las lengua castellana: el Premio Cervantes. Cierra así el poeta un año de premios y homenajes en vida, gracias a su trayectoria.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1186" title="jose emilio pacheco 2" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/jose-emilio-pacheco-2-280x120.jpg" alt="jose emilio pacheco 2" width="280" height="120" />Una sala dentro de otra sala de paredes tan falsas como negras. Una manta blanca que da su versión traslúcida del cielo y abanicos laterales que por momentos hacen pensar en una nave industrial. Es domingo y la Feria Internacional del Libro rebosa de gente.</p>
	<p>Pero esa gente aún no llena este cuadro negro donde se ha anunciado que se homenajeará a José Emilio Pacheco. El panel lo ocupan aún personajes diversos que discuten sobre el ensayo, pero fallo en mi débil intento por prestarles atención, pues se me quemaban manos y ojos por empezar a reír con el ejemplar de &#8220;Los Presidentes en su tinta&#8221; del maestro monero Rogelio Naranjo. Pero la risa va acompañada de un cierto malestar pues en los geniales cartones que retratan los diversos colapsos económicos y consecuentes crisis solo cambia el año y el personaje, pero parece que los problemas fueran recurrentes, cíclicos.</p>
	<p>Subo la mirada por momentos y observo que faltan menos de 15 minutos para el arribo de JEP y aún no se aparece la manada de seguidores que yo supongo el autor tiene (entre los que, desde luego, me incluyo). Me sumerjo en los cartones y para cuando vuelvo la mirada el salón está prácticamente lleno.</p>
	<p>Don José Emilio entra y hay un aplauso contenido, un estallido conservador que se siente con ganas de más, pero tal vez las poses de la erudición indican que no se le puede aplaudir a un escritor como a un rock star, ¿sería rebajarlo? ¿pero qué tal si el aplauso es mera expresión de admiración, hasta de cariño? ¿es también conveninente contenerlo? mientras tanto Cristina Pacheco, talentosísima periodista y compañera del escritor, se sienta un par de filas delante de mi. &#8220;Aquí nos tocó vivir&#8221;, como se llama uno de sus programas, aquí nos toca, coincidir este día de homenaje a su marido.</p>
	<p>Antes de que comiencen a hablar los &#8220;homenajeadores&#8221; se premia a los alumnos de las Prepas Tec que<img class="alignright size-medium wp-image-1190" title="jose emilio pacheco 11" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/jose-emilio-pacheco-11-280x120.jpg" alt="jose emilio pacheco 11" width="280" height="120" /> ganaron un concurso de ensayo respecto a la obra de Pacheco. Estar en la época de los sueños húmedos y recibir de manos de Pacheco un premio me parece que es un buen logro, espero sus trabajos hayan estado a la altura. El escritor se toca el corazón sin decir nada para agradecer a los muchachos que hayan escrito sobre lo que él escribió.</p>
	<p>Toca el turno al peruano Julio Ortega, sentado a la derecha de Pacheco. Recuerda anécdotas que corren a lo largo y ancho de 40 años, donde mezcla los afectos personales con los méritos literarios del homenajeado, hilando sus ideas en la siguiente conclusión: José Emilio es ya un clásico, basándose en la definición del término que diera Coetze: &#8220;Un clásico es alguien que vive para siempre a través nuestro&#8221;. Entonces vale la pena reconocerlo por dicho mérito, que no es el único, pues Ortega cree que a pesar de la apariencia sombría de mucha de la obra de Pacheco, &#8220;su voz es lo decible del mundo, produce una justicia poética entre el lenguaje y la realidad&#8230;como un mapa transparente del mundo&#8221;. Lograr un mapa crudo que clarifica realidades con una bella voz poética, me parece una buena razón para que estemos sentados frente a ese sencillo viejo de bastón y lentes de pasta.</p>
	<p>La palabra pasa a Juan Gustavo Cobo, escritor colombiano y también añejo amigo del autor de &#8220;Morirás Lejos&#8221;. Cobo comienza contundente: &#8220;Son tan trágicos sus diagnósticos y tan apocalípticas sus reflexiones, que de ahí siempre salgo profundamente fortalecido&#8221;. Pacheco ríe con las anécdotas, se sorprende de los detalles que no recuerda y agradece con miradas humildes los halagos.</p>
	<p>El colombiano apunta ideas que pareciesen sencillas pero que van a la esencia de la escritura de Pacheco, la primera de ellas, que el mexicano no es un escritor conformista, pues se ha puesto en el lugar que hay que estar -el de la realidad- y no en el del convencionalismo. Y esto ha llevado a que su obra esté impregnada de una actitud ética, una actitud moral del mundo que observa, retrata e interpreta.</p>
	<p>Dibuja entonces dos de los núcleos recurrentes en la pluma de Don José Emilio: el tiempo y su paso arrasador, que todo se lo lleva; y el poder y sus capacidades destructivas. Ambos se complementan con la presencia del humor, &#8220;un espectáculo de lucha libre&#8221;, dice Cobo, y hace sentido la metáfora, porque tiene que ser entretenida una batalla entre el apocalipsis y la risa.</p>
	<p>La gente escucha atenta. Parece que nos volvemos cómplices de historias que no conocíamos y de un afecto de viejas amistades que hasta hace unos minutos nos era absolutamente ajeno. Será porque hay pocos escritores verdaderamente colectivos, populares; pues como lo dice Cobo, tenemos la alegría de saber que un poema de Pacheco ya no es de él, ya no es de nadie, es de todos; y ejercitar entonces lo que el llama el más delicioso de los plagios: el felíz acto de robarse un verso.</p>
	<p>Toca el turno al escritor mexicano Antonio Parra, quien no oculta el placer de estar sentado junto a quien fue y es una de sus grandes inspiraciones para dedicarse al oficio. Y señala el fracaso más afortundado en la carrera de Pacheco, un fracaso que agradeció en nombre de todos los presentes y los tantos y tantos más que no lo estaban: el fracaso de quedarse en el anonimato.</p>
	<p>Los aplausos no se hacen esperar cuando es el momento de que José Emilio tome la palabra -como si no la estuviese tomando siempre, con la boca, pero sobre todo con las manos- y abo<img class="alignleft size-full wp-image-1192" title="jemilio-pacheco" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/jemilio-pacheco.jpeg" alt="jemilio-pacheco" width="203" height="304" />rde la complicada tarea de hablar de uno mismo. La humildad que lo caracteriza no es una capa, no es una máscara que se quita a placer. El halo de timidez no puede removérsele ni a fuerza de aplausos. Abre los labios: &#8220;Yo realmente no sé que decir, más que muchas gracias. Cualquier cosa que yo dijera sería muy corta&#8221;.</p>
	<p>Toma confianza y agradece a Monterrey el poderse haber ganado la vida, pues relata que fue en la UANL el primer lugar donde tuvo que hablar en público. Y el público juega, tal vez no tan paradójicamente, un rol central en la vida y obra de Pacheco, pues a pesar de su timidez afirma con gran convicción que &#8220;El mejor premio para un escritor es encontrar a los lectores y lectoras que le dan vida&#8221;. En dicho momento mi comunión con Pacheco selló el eslabón faltante, que diferencia a aquella vez hace ya algunos años donde me senté entre los escalones del Auditorio Luis Elizondo para ir a ver -con más curiosidad que conocimiento de causa- a García Márquez, a quien le inventaron un premio nada más para que se dignara a aparecerse en el 60 aniversario del ITESM, y no quiso decir ni gracias durante la ceremonia. Simplemente aplastó su colombiana humanidad en la silla y vio pasar el protocolo con hastío. Su público excitado -entre los que no me incluía entonces y de ninguna manera me incluyo hoy- le rogaba un mínimo temblor de sus cuerdas vocales para articularles unas palabritas equivalentes a migajas para las palomas de un parque y solo atinó a decir, con una deleznable pesadez: &#8220;escribo para no tener que hablar&#8221;. Vaya contraste con el viejo tímido que hoy se sienta frente a nosotros.</p>
	<p>Pacheco reconoce su edad y las dificultades de ese tiempo devastador, del que tanto ha escrito y hoy se le echa encima, pero aún así, actúa: dice que Calderón, ante el golpe a la prensa escrita que significó el retiro de la publicidad oficial a las revistas, lo forzó a regresar, pues ahora volverá a la carga en las páginas de Proceso sin cobrar un centavo, pues quiere ayudar a la supervivencia de la revista, de la forma que mejor sabe y puede: escribiendo.</p>
	<p>Finalmente dice &#8220;Voy a hacer algo para agradecer su presencia&#8221; y lee los poemas de las páginas que el público le indica. Al final se espera a firmar todos y cada uno de los libros de sus lectores. Mi hermano de 14 años le lleva &#8220;El principio del Placer&#8221;. Le comento a José Emilio que &#8220;Las Batallas en el Desierto&#8221; es su libro favorito y se sorprende por su juventud. Me pregunta si somos hermanos y pide de vuelta el libro para dedicarlo a los dos. Pone mi nombre y debajo en mayúsculas y subrayada la palabra: SIEMPRE, &#8220;Una dedicatoria única en el mundo&#8221;, me dice sonriendo. Le pregunto: &#8220;¿Maestro, que se siente que lo quieran tanto?&#8221; Sonríe de nuevo y abre los brazos buscando explicarse: &#8220;Maravilloso, ya viste, no podía ni hablar&#8221;. Estrecho su mano y le agradezco más cosas de las que se imagina, y me imagino también que no seré el único.</p>
	<p>Al otro día veo una foto en el periódico de el poeta sentado en las escaleras de Cintermex con su esposa revisando los textos que compró. El poeta de la banqueta, del cataclismo, de la ética y la esperanza, de las gracias y del siempre. Ese es José Emilio. Hay veces que la palabra homenaje sí cobra sentido. De esa sala, todos salimos agradecidos.</p>
	<p>***********************************</p>
	<p><strong>Este artículo fue publicado originalmente por nuestros amigos de <a href="http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/">CEINPOL (Centro de Inteligencia Política) de México</a>, con quienes tenemos alianza de colaboración.</strong>
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/11/30/cronica-de-un-homenaje-a-jose-emilio-pacheco/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Orientación escritural</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/11/26/orientacion-escritural/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/11/26/orientacion-escritural/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Nov 2009 20:54:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lenin Auris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1133</guid>
		<description><![CDATA[Qué pensaban ustedes: ¿que escribir es un asunto complicado? Con ironía y sarcasmo, Lenin Auris, pintor y fotógrafo peruano y estudiante del magister de Literaturas Creativas en la Universidad Nacional de Colombia, nos entrega esta orientación escritural, para hacernos ver cuán "fácil" es escribir. Por lo menos mucho más de lo que pudiéramos imaginar. Todos los escritores nacientes han tenido dudas terribles, han transitado por el enorme vacío de la página en blanco, o simplemente han comenzado una novela sin poder concluirla, en cualquier caso, escribir es un oficio tan difícil como hermoso y a veces ayuda reirse un poco de los lugares comunes en los que puede caer quien desea fervientemente vivir en un mundo de pluma y tinta u ordenador e impresora. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1135" title="orientacion escritural" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/orientacion-escritural-280x120.jpg" alt="orientacion escritural" width="280" height="120" />Escribir es fácil. Y una novela lo es aún más. Primero debes decir: &#8220;voy a narrar; una historia voy a contar&#8221;. No te preocupes por las rimas involuntarias ni por las otras. Ignora las repeticiones. Escribe sobre tu vida, esta receta todavía resulta, o relata la del vecino. Que no te obsesionen los personajes; enfócate en el argumento. Antes de escribir, imagina tu libro impreso, su portada, el aroma de sus hojas nuevas, la reseña del diario… Dedícate a fantasear al menos un año. Y si lo haces por más tiempo es mejor: la alucinación es país del creador. Consigue libros que te enseñen a construir novelas, obras que relaten el proceso creativo de escritores, manuales de redacción, pero, si no tienes ganas de escribir, no te servirán.</p>
	<p>Si posees la <em>vena </em>del escritor, o conservas la pulsión al redactar, o es una obligación para ti amontonar palabras, tampoco te serán útiles, pero para los demás esos libros son imprescindibles. Antes de colocar la primera letra en el borrador recuerda que tu futura novela constará de trescientas páginas. Ojalá te inquietes, y retrases la escritura. Sin embargo, jamás tengas miedo a la página en blanco, porque hay muchas estupideces temporales impresas, tu texto no tendría el deber de aspirar siquiera a la mediocridad. Por muy malo que sea tu futuro libro, no debes apurarte, las obras prescindibles merecen un extenso proceso de elaboración. Si te apremia el deseo por  escribir, realiza una labor más significativa y placentera que narrar; si no la hallas, ni modo, no hay remedio: empieza con palabras sencillas y si estas se mantienen hasta el final, habrás ganado.</p>
	<p>Luego de culminar la primera página, has un plan de trabajo cuya duración mínima aconsejable es un mes. La intención es acordarse de lo complicado de la empresa. Ah, por cierto, me olvidaba: lee algo antes de escribir, es preferible. No leas en demasía y no solo Literatura. Desconfía de las personas que han leído mucho y cuando finalices el plan de la novela, regresa a la escritura. Si escribes en computadora no te conectes a internet mientras redactas y si lo haces, deja de escribir y solo dedícate a internet. La investigación indirecta es beneficiosa. Termina la página dos y descansa, aunque la última oración de ésta quede incompleta. Ahora lee las diez primeras hojas de un libro cualquiera; nada más que esa cantidad. Y de ningún modo regreses a esa obra.</p>
	<p>Escribe con un tamaño de fuente mayor a doce y con una tipografía que disimule el lento progreso. Sin embargo, no te valgas de una letra enorme, porque no somos imbéciles a tiempo completo. Bueno, sí lo somos, pero al menos hazlo por pudor. La elaboración de la tercera página realízala con rapidez, y escríbela cien veces o más. Renuncia a las comas: tu novela sobrevivirá en un mundo de puntos seguidos, bueno, en realidad lo más previsible es que muera. Emplea frases cortas, aun cuando dañen el desarrollo de la novela. No le tengas pánico a los adjetivos: tres calificativos inexactos son mejores que un adjetivo  preciso pero miedoso. Aléjate de los cobardes al momento de escribir. Que no te importe si tu léxico es exiguo, se puede mentir con pocos vocablos. Y nunca, pero nunca cuentes el chiste que relaciona la ecología con el ser mal escritor. Si pasas esta prueba estarás apto también para el libro digital. Esta fue la primera dosis. Gracias por tu lectura.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/11/26/orientacion-escritural/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La supervivencia</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/11/23/la-supervivencia/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/11/23/la-supervivencia/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 03:16:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Seror</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1098</guid>
		<description><![CDATA[Carlos Seror, nuestro cronista desde España, nos trae esta vez una breve reflexión sobre la supervivencia de la cultura, aunque parezca relegada a un rincón de las prioridades de nuestra sociedad convertida en sencillo entretenimiento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1099" title="cultura supervivencia" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/cultura-supervivencia-280x120.jpg" alt="cultura supervivencia" width="280" height="120" />Es posible que en el Paleolítico Superior la única angustia existencial del ser humano se cifrase en la escasez de puntas de flecha para cazar el próximo mamut. Con el tiempo, sin embargo, las sociedades han evolucionado, y la supervivencia se ha convertido hoy en una compleja balanza de intereses yuxtapuestos.</p>
	<p>Lo que es peor: en alguno de sus platillos hay siempre una manzana podrida. Hace unos días me vi envuelto en una polémica sobre un famoso director teatral español. La región de Madrid ha emprendido un ambicioso proyecto de fomento de las artes escénicas, y el mencionado director ha aceptado asumir la responsabilidad máxima del proyecto. El problema es que su nuevo cargo, financiado con fondos públicos, depende por consiguiente de otro gran escenario no menos teatral: la política.</p>
	<p>¿Está uno legitimado para censurar a los políticos cuando vive de sus iniciativas? Ésa era la cuestión que se debatía acaloradamente el otro día. No había tenido yo tiempo todavía de llegar a una conclusión cuando un viejo amigo intervino en la controversia:</p>
	<p>“Te pondré un ejemplo que conozco bien: yo, sin ir más lejos, vivo del cuento.”</p>
	<p>Mis ojos se abrieron como platos.</p>
	<p>“Naturalmente, el cuento no es el que practico yo, sino mis empleadores. Quizá mi única atenuante es que no comulgo ideológicamente con los Cuentistas para justificar la procedencia de mis ingresos. Para mí, es una diferencia cualitativa, pero para los más puristas no pasa de ser un matiz. Lo malo es que, si miro a mi alrededor, me consuelo como el sabio aquel de la fábula, que desdeñaba las hierbas que otro sabio, tras él, recogía con afán.”</p>
	<p>Mi amigo estaba en lo cierto. El que no trabaja para la Administración, espejo de honradez bíblica, suda sus cuarenta horas a la semana para una empresa con intereses en el sector armamentístico, en el lobby petrolero mundial, en las cajas fuertes de las islas Caimán o en la Hidra financiera de zapadores que han cavado el agujero negro por el que ahora se precipita la economía mundial.</p>
	<p>Leo en las obras completas de un tal Milton que en lejanos otroras hubo un Paraíso, sí, pero malas lenguas aseguran, ¡ay!, que está perdido. En realidad, el único oficio moralmente inmaculado que se me ocurre es el de sepulturero, y confieso que no me hace tilín.</p>
	<p>Entre tanto, la vida debe continuar y, con ella, lo que algunos más valoramos de este absurdo viaje. Los manuscritos de los sabios antiguos (es decir, el rescoldo de la sabiduría y de lo que antes de ser ocio fue cultura) pudieron ser copiados por amanuenses de remotos monasterios, y yo les estoy tan agradecido. Sólo gracias a ellos podemos abrigar hoy todavía una ilusión de continuidad y de pertenencia a la especie Homo sapiens, incluso aunque encendamos el televisor y creamos estarnos asomando a un show de los tiempos de Neanderthal.</p>
	<p>La ciencia, el arte, el deporte mental como alternativa al corpore sano con camiseta de Adidas, deben continuar. Más que nada, para que algunos tengamos la suave satisfacción de saber que algunos de nuestros semejantes, al menos, aprovechan un poquito más su potencial como seres humanos.</p>
	<p>Soy un sentimental tonto, lo sé, pero es que en el mundo -lo siento, señores profesionales de la farándula política- tiene que haber de todo.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/11/23/la-supervivencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>&#8220;Matado&#8221; con The Killers</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/11/16/matado-con-the-killers/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/11/16/matado-con-the-killers/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 01:33:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Nieto Aguado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[pop]]></category>
		<category><![CDATA[recital the killers bogotá]]></category>
		<category><![CDATA[rock]]></category>
		<category><![CDATA[the killers]]></category>
		<category><![CDATA[the killers concierto]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=1037</guid>
		<description><![CDATA[Dese Bogotá, nuestro cronista Mauricio Nieto nos cuenta cómo estuvo el concierto de "The Killers" en Bogotá; las peripecias y avatares de una presentación llamativa que convocó a un público eufórico. La banda estadounidense se encuentra de gira por Lationamérica y también se presentará en Chile el próximo 29 de Noviembre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1039" title="killers uno" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/killers-uno-280x120.jpg" alt="killers uno" width="280" height="120" />Acepto que no me considero un fan de esta agrupación estadounidense, pero al verlos tocar en vivo uno queda con ganas de más. Eran las cuatro de la tarde  cuando comencé todo un periplo para llegar al concierto tan anhelado. Sí, ya sé que dije que no era un fan, pero igual tenía mucha expectativa. La presentación se realizó en el parque “Jaime Duque”, como a unos veinte minutos a las afueras de Bogotá. Para llegar allá tuve que tomar un Transmilenio hasta el último portal al norte de la ciudad y de allí tomar un bus que me llevara  hasta Tocancipá, lugar donde se daría el show.</p>
	<p>The Killers es una banda que tiene mucha acogida en esta ciudad. Por lo menos así lo comprueba la numerosa asistencia, no sólo de gente de la capital sino de personas que viajaron desde otras ciudades para ver a su grupo favorito.</p>
	<p>Mi arribo al lugar de la cita fue a eso de las  siete de la  noche. El ser periodista tiene sus ventajas: tenía boleta con acceso a Platino. Pero lo que debió ser un privilegio se transformó en una apoteósica odisea. Como primera medida y debido a los anillos de seguridad que había, tuve que despojarme de mi paraguas y, por si fuera poco, de mi correa, y pagar cuatro mil pesos (unos dos dólares) para que me las guardaran y al final del evento reclamarlas, para ello a cada uno de mis implementos le pegaban una cinta de papel con mi nombre que era escrito por un niño con una letra ilegible.</p>
	<p>La apertura estuvo a cargo de un discjockey y fue hasta las diez de la noche. Muchos de los asistentes se sintieron agotados y me incluyo, así que comenzaron a pedir que se retirara, porque todos estábamos ansiosos por escuchar  acordes de guitarra y golpes de  percusión en vivo. A las diez  de la noche apareció el grupo que hacía las veces de telonero; una banda completamente desconocida para todos, su nombre, “Árbol de ojos”, grupo con influencias del rock británico, punk, swing y rockabilly. Ellos  tocaron alrededor  de  cinco canciones, culminando su presentación a  eso de las diez y media. Y al parecer ellos fueron el conejillo de indias, porque tuvieron un par de  errores en el sonido, y aunque no tocaban mal, las ansias estaban puestas  en el plato fuerte.</p>
	<p>De ahí en adelante hubo una especie de receso. ¿Recuerdan que les hablé de mi odisea? Pues si han estado en un concierto de estas <img class="alignright size-medium wp-image-1038" title="killers principal 1" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/killers-principal-1-280x120.jpg" alt="killers principal 1" width="280" height="120" />magnitudes deben saber que a quienes la vida no nos dotó de mucha estatura, este tipo de eventos se convierte en una lucha de  sobrevivencia en donde el que gana es el más fuerte. Lo que ocurrió es que quienes se ubicaron delante de mí medían más de 1.80 metros. Por instantes sentí que el aire se me iba, pero afortunadamente  pude recuperarme con premura. A las  once de la noche hizo su arribo a la tarima The Killers. Canciones como “Some body to me”, “Read my Mind”, “Spaceman”, “Human”, “Mr. Brighside”, y “When you were Young”, hicieron que los asistentes saltaran y cantaran a todo pulmón. Yo apenas las había escuchado y también había visto algunos vídeos por youtube, así que no me sabía las letras, pero la verdad no hacía falta, porque el sonido estuvo  impecable. El juego de luces sincronizado con la batería, la energía de Brandon Flowers en tarima y su magistral técnica vocal, generaron en mí un ímpetu por seguir a esta  banda  y ante todo admirarla. Sólo fue sentir esa potencia en el escenario para que el dolor en las piernas por permanecer tantas de horas de pie desapareciera como por arte de magia. Además, la pirotecnia y la explosión de  papelillos para quienes  nos encontrábamos cerca a la agrupación fueron un valor agregado que le otorgó al espectáculo un aire de  sorpresa.</p>
	<p>En esta versión de Gulliver en la tierra de gigantes que fue este concierto, tampoco no faltó el borracho que quiso meterse por entre el tumulto de  gente sólo para provocar. Tuve que presenciar como  dos  jóvenes retaban a este desparpajado que tuvo que huir  ante el acoso de unos gemelos que por su contextura parecían guardias de seguridad. Posteriormente fui absorbido por  los brazos de una rubia que, o me estaba utilizando como soporte para no caerse de su borrachera, o me confundió con su  acompañante que compartía  mis 1.65 metros. Y, como para rematar, una joven que iba con su marido se puso delante de mí y en un descuido de su esposo, que no era ningún pequeñín, se desplomó sobre mi pecho. Por un momento pensé que me estaba  confundiendo con su pareja y lo único  que hice fue mirar al hombre que estaba a mi lado como diciéndole: “no es lo que está pensando”. Pero en cuestión de minutos nos dimos cuenta que había perdido el sentido.</p>
	<p>Culminó el concierto. Tenía  entre mi bolsillo de la chaqueta – porque hacía un frío de los mil demonios – una boleta para continuar con una fiesta electrónica hasta las cinco de la madrugada. La verdad, ya no soy un muchacho. A mis treinta y seis años el cuerpo se agota con facilidad. Estaba exhausto. No resistía un minuto más de  pie. Así que me acomodé en el primer rincón donde me  pudiera sentar. Ahí, mientras preparaba mi estrategia de regreso a Bogotá pensaba  en todos  los sacrificios  que  debe hacer un fan por ver a sus artistas. Exponerse a que te roben a la salida del espectáculo, estar dispuesto a que te pisen, te golpeen, a gastar un dineral en boletas, transportes y demás.</p>
	<p>Ahora que lo pienso, prefiero desistir de la  idea de convertirme en  fan y continuar mi vida sin idolatrías y tranquilo en el sofá de mi casa viendo los conciertos por televisión.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/11/16/matado-con-the-killers/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>8</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Transmilenio</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/11/12/transmilenio/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/11/12/transmilenio/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 01:33:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Nieto Aguado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>
		<category><![CDATA[bogotá]]></category>
		<category><![CDATA[chile]]></category>
		<category><![CDATA[colombia]]></category>
		<category><![CDATA[santiago]]></category>
		<category><![CDATA[sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[transantiago]]></category>
		<category><![CDATA[transmilenio]]></category>
		<category><![CDATA[transporte]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=999</guid>
		<description><![CDATA[El sistema de transporte público santiaguino, más conocido como "Transantiago", tiene su génesis en un sistema similar llamado "Transmilenio" y que revolucionó en su momento a una de las capitales más cosmopolitas de América Latina: Bogotá. Desde allá, Mauricio Nieto nos envía esta crónica que delata muchas coincidencias con lo que diariamente viven los santiaguinos. Siga estimado lector, esto es "Por amor al arte". ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1023" title="transmi" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/11/transmi-280x120.jpg" alt="transmi" width="280" height="120" />Me contaron que para los chilenos fue muy traumática la llegada del “Transantiago”. Si les sirve de consuelo a los lectores santiaguinos, les diré que el “Transmilenio”, en Bogotá, no es mejor. De hecho, lo que aquí les cuento puede resultarles muy familiar, no por nada el “Transantiago” es, en forma y origen, una “inspiración colombiana”.</p>
	<p>Confieso que  desde  hace  meses no tomaba uno de esos vehículos de  color rojo  que  tienen por principal característica recorrer un trayecto en menos  tiempo que un  bus urbano. Sin embargo  lo que  algunos  denominan como ventaja, puede resultar  una hazaña que ni el aventurero más intrépido se  arriesgaría a  experimentar.</p>
	<p>Como primera  medida  tengan en  cuenta  que  salgo de  mi oficina  a las  seis de la tarde, en plena hora  punta. Desde unas cuadras veo una gran cantidad de personas  haciendo fila para  comprar por la módica  suma de mil quinientos pesos una ficha  que le  permitirá ingresar a una estación en donde  toca  esperar por varios  minutos la ruta que lo lleve  al destino que desee llegar.</p>
	<p>Regresando al tema de la  multitud, uno debe  estar muy pendiente  que  no le vayan a  meter  la mano al  maletín o en su estado más  descarado  a  los bolsillos del pantalón para  hurtarle  el celular  o la  billetera. Después de esperar  por  minutos y si está de malas por algunas  horas, la ruta  por fin  llega. Se abren las puertas y uno tiene  que sacar  fuerzas de donde  no tiene para intentar  meterse por entre  un tumulto de  gente  que se apiña toda en la puerta  de la entrada para poder  ingresar.</p>
	<p>Se supone que la tortura termina ahí, pero una vez adentro hay poca oxigenación debido a que los pasajeros quedan hacinados en ese pequeño espacio. ¿Recuerdan  que  les comenté que  mi trayecto era a la hora de salida del trabajo? Pues bien, los olores que aromatizan a  esa  hora el ambiente, a pesar de  ser esta una ciudad fría, no son muy agradables.</p>
	<p>Si usted es de esas  personas escrupulosas que no permite  que  nadie lo roce siquiera, pues le cuento que acá, o lo supera, o de lo contrario tendrá un ataque de nervios. Supongo  que  muchos depravados aprovecharán  esta instancia para hacer  de las suyas. Yo me  limito a  respirar profundo y a contar  hasta mil con el objetivo de no perder  la  cordura.</p>
	<p>Cuando adivino que me falta poco por llegar a mi destino, me alisto con anterioridad para repetir  el ritual de forcejear con los individuos que se  acumulan en la puerta de  salida, todo con el fin de  no pasarme de  estación.</p>
	<p>Algunos se preguntarán por qué mejor no me voy en otro medio de transporte. Yo respondo de  una  manera  muy  tajante: no tengo dinero para taxis.
</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/11/12/transmilenio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>14</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Sí hay cupo&#8230;</title>
		<link>http://www.6columnas.com/2009/10/17/si-hay-cupo/</link>
		<comments>http://www.6columnas.com/2009/10/17/si-hay-cupo/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 17 Oct 2009 03:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mauricio Nieto Aguado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Por Amor Al Arte]]></category>
		<category><![CDATA[bogotá]]></category>
		<category><![CDATA[maestría escritura creativa]]></category>
		<category><![CDATA[universidad nacional colombia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.6columnas.com/?p=554</guid>
		<description><![CDATA[Una crónica sobre las cosas que le pasan a un estudiante "por amor al arte". ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;"><img class="alignleft size-medium wp-image-605" title="1479" src="http://www.6columnas.com/wp-content/uploads/2009/10/1479-280x120.jpg" alt="1479" width="280" height="120" />Vivir en una pensión   o en un cupo estudiantil, como le llaman  ahora,  es   una odisea. A raíz  de   mi interés  por estudiar   una maestría en la Universidad Nacional en Bogotá, dejé  las  comodidades  de  la casa en Cali para hospedarme en  una  habitación  pequeña, que consta de  un escritorio,  una cama y un nochero. Dentro del  paquete le ofrecen a uno la  comida, televisión por cable, baños compartidos  con  agua caliente, línea telefónica  y conexión a  Internet y todo este kit  parece  realmente  un regalo por la   módica  suma  de  cuatrocientos  cincuenta mil  pesos colombianos (unos ciento veinticinco mil pesos chilenos).</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Las  primeras   semanas  sirven para acostumbrarse, entonces,  cada  vez que   sales  a la  hora del  desayuno, te encuentras   con un plato que contiene  huevos  revueltos, una arepa (tortilla a base de maíz para los que no me entiendan),   o un pedazo de  pan, una  taza de chocolate  o de café  con leche, un vaso de  jugo natural o en su  defecto un pequeño   recipiente con gelatina. Como  ya les dije,  al principio   todo  es novedoso  pero ya llevo  cuatro meses y es huevo  todas las mañanas, hasta  los fines  de semana, ya pienso  que me estoy “ahuevando”.</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">En la tarde, a   la  hora del almuerzo, la  situación mejora  un poco.  Al menos el menú  cambia: en él se incluye sopa, en el  acompañamiento uno se puede  encontrar con fríjoles, un pedazo de  carne,  papa salada y arroz. Lo cruel es que  si no te gustó lo del almuerzo,  pues  mal, porque  lo mismo se sirve en la  cena.  Como quien dice, acá  sí se aplica el famoso refrán: &#8220;al  que no le gusta  el  caldo se le dan dos tazas.&#8221;</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">El internet es un desastroso caso aparte: no funciona, se cae a cada rato. La otra vez   estuve  sin el servicio  por  quince días y lo más tenaz es que tuve que pagar el mes siguiente como si nada. </span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Y luego está el agua en  la ducha. En una  ocasión casi  no alcanzo  a   bañarme porque se fue  precisamente cuando  me estaba  enjabonando. Y para rematar, en una fría mañana capitalina me tuve que duchar con agua helada.</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Cuando pensé que ya  estaba rebasada  la copa, una  noche  después de  llegar del trabajo me encuentro al dueño de la pensión  dentro  del cuarto desarmando la cama para  cambiarla por  otra, por el simple  hecho que le  faltaban  algunas   tablas.</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Muchos  se preguntarán qué hago en un lugar como éste si todo es  una mierda.  Pues la verdad lo que  me tiene  contento es el calor humano que se siente acá. Los demás  inquilinos son muy  respetuosos, muy  cordiales y, ante  todo, hospitalarios.  Al menos hasta ahora no me he encontrado con un tipo tuerto, con cuchilla y con una cicatriz  en la cara que me diga: &#8220;¡hermano bájese de ese   portátil!&#8221;</span></p>
	<p align="justify"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Por lo menos tengo que agradecer algo: vivir en una pensión te   da mucho tema para escribir.</span></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.6columnas.com/2009/10/17/si-hay-cupo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>11</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
