
En el brevísimo prólogo de Fuga sin fin, Joseph Roth dice: «No he inventado nada, no he compuesto nada. No se trata ya de ‘poetizar’. Lo más importante es lo observado.» No es una aclaración precisamente necesaria, porque el lector ahondará más adelante en la vida del protagonista, Franz Tunda – a quien el propio Roth llama en el prólogo, «mi amigo» – y se dará cuenta de la capacidad de observación de Roth, quien oficia de narrador y artesano en esta novela. Y ya diré por qué artesano.

La chica del Crillón, Teresa Iturrigorriaga, adopta por momentos un tono soberbio y altivo mientras narra sus memorias, y uno como lector queda desconcertado y se pregunta si no será una más de esas damitas de sociedad, caprichosas y engreídas, que se creen las dueñas del mundo y van desparramando por ahí frivolidad.

El olvido es, ante todo, una forma de matar a las cosas, las situaciones, las personas. La memoria, por el contrario, preserva, cuida, resguarda, da vida a través del recuerdo. Uno lo ve así, facilito, y lo repite como si nada: «el olvido mata, la memoria preserva». Pero no. No es tan fácil. El olvido y la memoria son, por así decirlo, dos enemigos pequeños que se pelean a muerte en el corazón de los individuos y de las sociedades. Los humanos nos negamos a olvidar, pero el olvido nos acecha. Los humanos queremos recordar siempre, pero la memoria es esquiva, se escurre, se esfuma. A veces, cuando envejecen, los humanos olvidan cómo se llaman, qué cosas hicieron en su vida, por qué tienen que comer y beber, y entonces mueren en vida. A veces, los humanos presenciamos esa muerte en vida de otros humanos, producida por el terrible olvido, y nos prometemos que nunca en la vida vamos a olvidar a nada, ni a nadie. A veces podemos cumplir, a veces no.

El escritor mexicano Alberto Chimal tiene 39 años, algunos gatos, y una particular mirada profunda, gracias, tal vez, al aro de sombra que rodea sus ojos. Es considerado uno de los más talentosos escritores de su generación, de su país y del cuento, género en el que su carrera literaria comenzó y maduró. Avalan este reconocimiento, entre otros, los libros Éstos son los días (ERA, México, 2004), Grey (Era 2006), Cinco aventuras de Horacio Kustos (Desde La Otra Orilla, México, 2008), La ciudad imaginada (Era, 2009). También ha escrito numerosos ensayos.