¿Cómo pensar en la escritura? Lo primero en venir a la mente es el embeleco extraño que es elegir dedicarse a escribir, a crear ficción. Cualquier otra opción parecería más sensata a la hora de ganarse la vida: ser abogado, médico o ingeniero. Y sin embargo, no se puede evitar esa pulsión inmanejable que obliga a juntar palabras, a buscar sonidos, crear personajes. De esto nadie vive, eso se lo hemos escuchado a muchos escritores (a menos claro que uno sea un bestseller), pero poco parece importar. La vocación es la vocación, y ésta en particular es bastante pertinaz e insistente.
La decisión de escribir trae aparejadas otras cosas, no es simplemente sentarse y empezar a teclear, “soplar y hacer botellas”. Lo primero, lo fundamental e insoslayable, es la lectura. Sin importar qué se quiera escribir y cómo, leer es indispensable. No se puede concebir un escritor sin ser antes lector. “Por cada página escrita, cien leídas” es una sentencia bien conocida; en ella se encierra una gran verdad del oficio: sin leer, difícilmente es posible hacer literatura. La lectura de otras obras literarias (e incluso de filosofía, historia, etc.) es fundamental en la medida que permite acercarse a los temas y a las formas. Es posible ver así los senderos transitados por otros escritores y tomar de ese tránsito aquello de utilidad para la construcción de una nueva obra.
Ahí nace el gusto por escribir, en la exploración de lo que otros han escrito; pero ahora viene la verdadera prueba: enfrentarse a la hoja en blanco. Si bien puede tenerse una cierta facilidad para contar algo (eso conocido como talento), lo cierto es que la literatura requiere toda una disciplina y una serie de técnicas que hacen de la narración una verdadera obra de arte. Aunque los intereses y convicciones del escritor se hacen presentes, es innegable que cada historia requiere una forma y unos recursos para contarla de la mejor forma posible. La primera persona, la tercera, los diálogos, el tiempo en que se cuenta, etc., son todos elementos a definir para lograr la óptima construcción del texto. Y saber de lo que se habla; fue William Burroughs quien dijo alguna vez que más escritores fracasan por no saber de lo que hablan que por cualquier otro motivo. El escritor debe conocer su tema a fondo, ya sea de tecnología, medicina, criminología o maternidad de gallinas.
Escribir tiene sus técnicas. Aunque prime la visión de la inspiración artística y los trances de creación, innegablemente para escribir hay que apropiarse de unas herramientas y trabajar. Cuando la musa llegue, mejor estar al frente del teclado, o con el bolígrafo y el papel. Hay que tachar, borrar y volver a hacer. Reescribir una y otra vez. El sentimiento es importante, pero si se escribe sólo con las entrañas, sale lo que de las entrañas debe salir.
Hacer literatura es complejo y demandante, y este oficio, además, tiene la particularidad de que entre más se practica, más difícil se hace. La creciente conciencia del lenguaje y de la técnica hace que escribir se haga más complicado cada vez, pues los problemas se identifican de antemano y se es más cauto a la hora de elegir tal o cual palabra. No obstante, tras las dificultades y preocupaciones, yace un increíble placer: el de crear con la palabra. El “incurable vicio de contar” del que habló García Márquez está presente en el que a escribir se dedica, es el origen de todo. Y así seguimos con el embeleco, así no haya recompensas a la vista.
Etiquetas: escritura, gabriel garcía márquez, oficio escribir