Muse es una de las bandas más exitosas de los últimos años: grandes ventas de discos y llenos a reventar en escenarios por todo el mundo. Las nuevas generaciones de rockeros reconocen en esta banda británica una gran influencia, posicionándola como una de las bandas líderes del rock de este nuevo siglo.
Tienen con que: Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard, los integrantes, son grandes músicos. Sus interpretaciones son verdaderamente virtuosas. Bellamy es poseedor de una gran voz, limpia y de bastante rango, aspecto que se ha erigido como el punto débil de numerosas bandas. En conjunto, logran un sonido de alto nivel, que echa mano de la música clásica y de grandes bandas de rock de antaño.
A pesar de todo esto, sólo hasta The Resistance (2009), su álbum más reciente, me sentí cautivado. Aunque en sus álbumes anteriores había encontrado grandes canciones, como es el caso de Butterflies and Hurricanes (una verdadera obra maestra del rock) y Knights of Cydonia, no sentía que estos trabajos fueran sobresalientes. Eran muy irregulares, con canciones buenas y otras bastante malas. En contraste, The Resistance presenta una regularidad mucho mayor. Es un álbum mejor logrado, con más fuerza y donde la unidad se siente a lo largo de todas las canciones. Y tiene algo que le suma bastantes puntos: un sonido que recuerda muy claramente a Queen.
En este último disco, además, se corrige algo que considero la principal debilidad de la banda: las canciones suaves. Muse logra su mejor sonido en las canciones más enérgicas y fuertes. Las suaves no logran dar cuenta de la capacidad musical del grupo. Al escuchar las canciones de sus álbumes anteriores, no se puede evitar la sensación de estar escuchando una balada ochentera: una mala balada ochentera. En The Resistance hasta los temas suaves poseen gran cantidad de energía, no suenan desganados ni empalagosos.
Muse no es una banda más allá del bien y del mal: aún tiene cosas por demostrar. No obstante, su más reciente trabajo parece ser una buena señal del camino a recorrer por la agrupación. La capacidad musical de sus integrantes es sin duda su principal herramienta. Y el hecho de no ser una banda emo. La influencia de la música clásica (el manejo de los pianos es notable), junto con un sonido de rock vivaz y atrayente, son una combinación que le da muy buenos resultados a la banda y que puede ser fuente de increíbles trabajos por venir.
El caso Muse
Por: Iván Andrade
Muse es una de las bandas más exitosas de los últimos años: grandes ventas de discos y llenos a reventar en escenarios por todo el mundo. Las nuevas generaciones de rockeros reconocen en esta banda británica una gran influencia, posicionándola como una de las bandas líderes del rock de este nuevo siglo.
Tienen con que: Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard, los integrantes, son grandes músicos. Sus interpretaciones son verdaderamente virtuosas. Bellamy es poseedor de una gran voz, limpia y de bastante rango, aspecto que se ha erigido como el punto débil de numerosas bandas. En conjunto, logran un sonido de alto nivel, que echa mano de la música clásica y de grandes bandas de rock de antaño.
A pesar de todo esto, sólo hasta The Resistance (2009), su álbum más reciente, me sentí cautivado. Aunque en sus álbumes anteriores había encontrado grandes canciones, como es el caso de Butterflies and Hurricanes (una verdadera obra maestra del rock) y Knights of Cydonia, no sentía que estos trabajos fueran sobresalientes. Eran muy irregulares, con canciones buenas y otras bastante malas. En contraste, The Resistance presenta una regularidad mucho mayor. Es un álbum mejor logrado, con más fuerza y donde la unidad se siente a lo largo de todas las canciones. Y tiene algo que le suma bastantes puntos: un sonido que recuerda muy claramente a Queen.
En este último disco, además, se corrige algo que considero la principal debilidad de la banda: las canciones suaves. Muse logra su mejor sonido en las canciones más enérgicas y fuertes. Las suaves no logran dar cuenta de la capacidad musical del grupo. Al escuchar las canciones de sus álbumes anteriores, no se puede evitar la sensación de estar escuchando una balada ochentera: una mala balada ochentera. En The Resistance hasta los temas suaves poseen gran cantidad de energía, no suenan desganados ni empalagosos.
Muse no es una banda más allá del bien y del mal: aún tiene cosas por demostrar. No obstante, su más reciente trabajo parece ser una buena señal del camino a recorrer por la agrupación. La capacidad musical de sus integrantes es sin duda su principal herramienta. Y el hecho de no ser una banda emo. La influencia de la música clásica (el manejo de los pianos es notable), junto con un sonido de rock vivaz y atrayente, son una combinación que le da muy buenos resultados a la banda y que puede ser fuente de increíbles trabajos por venir.
Etiquetas: muse, queen, rock, the resistance