Los Versos Satánicos, del escritor anglo-hindú Salman Rushdie, se constituye en uno de los títulos de mayor fama mundial gracias, en parte, al escándalo que ocasionara hace ya décadas la sentencia de muerte dictada por los “Ayatolás” de Irán en su contra.
Fama que, por cierto, se ha impuesto injustamente sobre la calidad literaria de otra de sus novelas, por lo demás formidable: Vergüenza, cuya trama comienza con el enclaustramiento en el domicilio paterno de tres hermanas solteras que, ante la maledicencia de los vecinos de su aldea, pretenden confundirles ocultando quién de ellas se encontraba en realidad en estado de gravidez.
Este enclaustramiento termina cundo nace un niño quien, ante la opinión general de su ciudad, y ante su propia conciencia con el devenir de los años, reconocerá a tres madres. Con el paso del tiempo llega a convertirse en un prominente líder nacional que ascenderá y descenderá del poder, y cuya progenie repetirá su historial político.
El modelo para crear el personaje de la trama de Vergüenza, es nada más y nada menos que Alí Bhutto, prototipo de los líderes neo-keynesianos de la década de los ‘70 en el tercer mundo, y cuya hija, la primera gobernante mujer del mundo islámico, implementó a cabalidad las recetas neoliberales del FMI. Tras haber enviudado, el yerno de Alí Bhutto rige hoy por hoy los destinos de Pakistán bajo el estigma de la más desenfrenada corrupción; en Vergüenza, Salman Rushdie nos muestra ese don profético que es propio de todo verdadero gran escritor, en contraste con lo que sucede con la innumerable basura de Best Seller periodísticos tan en boga en nuestros días.
El atentado que cobró la vida de Benazir Bhutto el 27 de diciembre de 2007 en Rawalpindi, ciudad e
n la que el propio Alí Bhutto fuera ejecutado, ha conducido al Asia Central a un escenario de Guerra generalizado y a la humanidad entera ante la encrucijada de una posible Tercera Guerra Mundial.
Bill J. Casey, el último director verdaderamente legendario de la CIA, habría ideado una estrategia de guerra de guerrillas durante la década de los ‘80, en la que los golpistas que derrocaron a Alí Bhutto, y lo ejecutaron en 1979, jugarían un papel preponderante al ofrecer financiamiento y apoyo logístico a los mujaidines talibanes en Afganistán durante su lucha contra la invasión soviética.
Una vez que los mismos mujaidines – a quienes el Presidente Reagan habría calificado como “luchadores por la libertad” – se convirtieron en enemigos de los Estados Unidos, Pakistán, bajo diversos gobiernos, dos de ellos encabezados por la propia Benazir Bhutto, nadó a dos aguas entre la represión y el claro respaldo a los talibanes de la etnia Pashtún.
Pakistán, país que cuenta con un importante arsenal atómico, al margen y en contravención de lo estipulado por “El Tratado de Tlatelolco”, se ha precipitado hoy por hoy en el caos social y una lectura atenta de Vergüenza, la magnífica novela de Salman Rushdie, se convierte en lectura obligada para comprender el actual desenvolvimiento de la política internacional.
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