«War correspondents see a great deal of the world. Our obligation is to pass it on to others»
Margaret Bourke-White
Los sentidos son limitados, el hombre necesita extenderlos, estirarlos, esforzarlos, ampliarlos. ¿Por qué? Porque la realidad está ahí, pero necesita retenerla, desmenuzarla, revivirla a veces. Para nuestros ojos los lentes, para nuestros dedos, débiles y torpes, el teclado que al contacto suave los hace volar como mariposas. La extensión del cerebro, ya lo dijo Borges, es el libro. Objeto único y maravilloso entre todos los objetos únicos y maravillosos.
No es mi intención ampliar lo que dice un maestro como Borges, pero la cámara fotográfica que eterniza la realidad en imágenes, también es un objeto único entre los objetos únicos. Hay instantes que merecen ser capturados para siempre. Que queden imborrables en la memoria: mi memoria, tu memoria, nuestra memoria.
¿El horror también? Sí. El horror es tan humano, artístico y necesario como el amor, como comer y dormir. ¿Qué es el horror? Es lo que queda después de que un humano ha marcado a otro humano con la huella imborrable de su odio. La fotografía, desde que existe como técnica y arte, nos permite ser testigos del pasado en el presente.
He aquí:

La mujer se tapa los ojos, ella no quiere ver la pila de hombres que nosotros vemos la esquina inferior derecha de la foto. Los demás caminan distraídos. No. Sospecho, divago, tal vez no están distraídos, tal vez tenemos que explorar más el verdadero impacto que producía en esa época una pila de hombres muertos, tal vez necesitamos contextualizar las verdaderas reacciones de aquella época. No obstante, a todos nos cuesta meternos en la cabeza el horror de los campos de concentración que nacieron y se alimentaron de millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. La carnicería no es precisamente algo fácil de asimilar por una sensibilidad blanda del siglo XXI, no por lo menos cuando las víctimas no son las reses que alimentarán a la tropa, sino seres humanos. No es explicable en este artículo el horror, es verdad. Los teóricos y filósofos también la han tenido cuesta arriba después de ese episodio oscuro que fue la Segunda Guerra Mundial. Por eso es necesario recuperar ciertas miradas, buscar cuidadosamente ciertas imágenes que fueron captadas por ojos artísticos. Arte en medio del horror. Eso es también necesario y ha sido posible históricamente.
La fotógrafa responsable de estas imágenes es la fotógrafa Margaret Bourke-White, nació en Nueva York en 1904 y murió en Connecticut 1971. En 1939 se casó con el escritor y periodista Erskine Caldwell con quien trabajó en conjunto. Trabajó para Life Magazine y Fortune Magazine y fue una de las primeras mujeres en ejercer el reportaje gráfico en la guerra. Su búsqueda era artística, pero también social, probablemente porque su tendencia política era de izquierdas. Su trabajo “Eyes of Russia” explora la Rusia invadida por Alemania en 1941. Ella era la única corresponsal activa en ese momento en la URSS y por lo tanto fue testigo privilegiado.
Además de ser corresponsal de guerra y de realizar un intenso trabajo gráfico, que incluye las imágenes que acompañan a este artículo y que fueron tomadas en el campo de concentración de Buchenwald, Bourke-White se interesó por Mahatma Gandhi y su mensaje de paz y, poco antes de que él muriera, ella lo había entrevistado y fotografiado.
Es una de las fotografías históricas más importantes, sin duda, un pilar en el trabajo monumental y apasionado de Margaret Bourke-White. Y, por supuesto, acá está para cerrar, con un ícono de la paz, este artículo que empezó hablando sobre el horror.

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