En el marco del Feria Internacional del Libro de Santiago 2009, se realizó un encuentro con Jorge Edwards. El escritor chileno Premio Nacional de Literatura y Premio Cervantes, conversó con el escritor y periodista Arturo Fontaine sobre su obra, sus premios y viajes recientes, sobre Joaquín Edwards Bello y sobre el futuro literario, sobre este habló especialmente y adelantó que su próxima novela tendrá como personaje central a Michel de Montaigne, un personaje que atrajo muchísimo a Edwards y sobre quién ha estado investigando. Esta conversación estuvo llena de anécdotas y risas, porque si hay algo que Edwards rebosa es buen humor. A continuación una selección de lo mejor que Edwards dijo.
El difícil mundo de la Literatura y el Chile prosista.
“Los críticos españoles me tratan siempre mejor que los chilenos. Me han dicho con respecto a mis últimos libros que a diferencia de muchos autores que a mi edad están en decadencia y en una visible decadencia, parece que yo conservo una energía juvenil para escribir. Bueno, a mi me parece un elogio formidable por eso tengo la impudicia de repetirlo. (…)Yo no me voy a jubilar, a lo mejor los lectores me van a jubilar, yo me voy a poner tonto, repetitivo y majadero y yo no me voy a dar cuenta, pero los lectores sí y me van a jubilar. Este trabajo es infinito, siempre hay nuevas cosas, siempre se puede seguir escribiendo hasta que viene la muerte y lo interrumple a uno.(…) Yo les quiero decir lo siguiente: haciendo el balance de muchos años de trabajo yo diría que yo soy un prosista, un narrador, que ha tenido una relación de algún tipo con la poesía, para mi el lenguaje narrativo con todos sus matices, sus luces, sus sombras, sus vacilaciones, sus disgresiones, eso de mterse en un camino lateral y al terminar de nuevo en el centro de la narración, es parte de una escritura que es una escritura que algo tiene que ver con la escritura del poeta, para mi. A lo mejor soy demasiado optimista en este aspecto. En seguida yo les quiero decir lo siguiente: siempre se habla de que en este país de poetas y no de prosistas y no de narradores, entonces cuando uno decide ser narrador en este país es un acto suicida, porque decide hacer algo que se supone de acuerdo con el consenso general no podemos hacer los chilenos, que carecemos de dones para hacerlo, entonces ya es un acto suicida. Pero yo creo que lo que sucedió en mi generación y no sólo en Chile sino en todo el mundo de la lengua española, fue que los narradores fueron lecotres de poesía y fueron muy lectores de los poetas anteriores e incorporaron a la prosa algo del aire, de la atmósfera, del tono de la poesía que ellos admiraban. (…)Cuando yo leí el comienzo de “Rayuela” de Julio Cortázar en los años ´60, yo sentí que el tono de la poesía del Neruda de Residencia en la tierra estaba ahí y se lo comenté después a Julio Cortázar cuando lo conocí y él estaba de acuerdo y me dijo ‘es verdad, es verdad, yo leía muchísimo Residencia en la tierra’ y eso de alguna manera impregna el tono narrativo de los comienzos de Rayuela. Y eso traté de hacer algo de eso en mi libro El peso de la noche.”
Luego cuando se refería a las traducciones, anotó divertido como a veces las traducciones no reportan muchos ingresos económicos
para el escritor, pero sí le dan la satisfacción de estar, al menos, dentro de las posibilidades de ser leídos en otras lenguas y después aclaró algo que sin duda todo escritor en ciernes debería considerar: “En esto de la Literatura hay que tener mucho sentido de la realidad bastante profundo, hay que tener mucha claridad, porque a veces los escritores se hacen ilusiones disparatadas, sobre todo los jóvenes que no saben qué es esto de la literatura. Yo una vez estaba dando un curso un taller de escritura, y un joven, no tan joven, se me acerca y me dice: “yo no sé si me voy a dedicar a esto de la literatura” y yo le dije “bueno eso lo tiene que decidir usted” es que”, me dijo, “no sé como me va a ir dedicándome a escribir… dígame señor, ¿cuánto es el premio Nobel?”, yo le dije: “el premio nobel es bastante bueno en realidad”. “Voy a pensarlo”, me dijo. Yo le expliqué que no es tan fácila sacarse el Nobel. Entonces, hay que tener un sentido sólido de la realidad para dedicarse a esta profesión que tiene momentos de satisfacción pero momentos muy ingratos también.”
Chile lector.
“(…)Yo diría que en este país – y que grave decir esto ‘en este país’ – que en este país hay cierta comprensión para lo que es la poesía, no es que sea un país de poetas, es que entiende mejor la poesía; pero el arte de la novela no lo entiende muy bien el lector chileno, no lo quiere entender. O a veces pienso otra cosa: lo entiende mejor el lector chileno que el crítico chileno y a veces incluso entiende mejor el lector que el escritor. Poque aqui me dicen a cada rato en Chile no se lee. No es verdad. No es verdad. En Chile se lee: hay mucha piratería porque se lee mucho. Los libros son caros y entonces los piratean y se lee. Chile es un país que lee. Ahora, el lector siempre es una minoría en una sociedad. Así que los que leen son pocos, pero existen, existen, yo no soy pesimista con respecto a la lectura en chile, soy pesimista con respecto a la cabeza de los que organizan el mundo del libro, el mundo de la cultura, ahí soy bastante pesimista, pero con respecto a los lectores y a la capacidad de lectura, no soy pesimista, creo que hay un lector instintivo, un lector transversal.”
La muerte de Montaigne
“Ahora por ejemplo cometí un error de tipo estratégico, porque vendí un libro en verde, sin haberlo escrito y me insistieron y lo vendí y estoy obsesionado porque no lo puedo terminar de escribir. Ese libro consistía en tres novelas cortas, y una novela de esas es sobre un viejo escritor clásico francés, Michel de Montaigne a quiene Quevedo llamaba “El Señor de la Montaña”. Esta novelita se llamab la muerte de Montaigne y revisándola tiene 200 paginas. Estuve en España invitado a trabajos diversos y me tomé una semana de libertad total y me fui a la ciudad de Burdeos en el sur de Francia. Montaigne es un escritor del S. XVI. Es un maravilloso escritor para mi gusto; es un narrador fantástico pues en sus ensayos siempre cuenta una historia, y saca conclusiones de esto que ha visto, de esto que ha escuchado. Entonces fui a la región de Montaigne a Burdeos, de la que fue alcalde también por dos períodos de dos años. Cuando lo nombraron estaba consternado, estaba deprimido, quería dedicarse a escribir y a administrar unas tierras que le habían dejado. Pero recibió una carta del Rey que le recomendó aceptar el cargo. Era una orden del Rey. (…) Fui a Burdeos a respirar el aire, primero. Pero yo sabía que él tenía un castillo, una enorme propiedad en el centro de Burdeos, en donde se producían vinos y otras cosas. El pueblo a donde llegué se llamaba Castillón. (…) Fui a visitar el castillo y pude sacar varios detalles intresante para escribir una historia. Montaigne trabajaba desde una torre y que tenía dos grandes vigas transversales gruesas y una cantidad de vigas que atravesaban esas vigas gruesas y cubrían todo el techo y en todas esas vigas el hizo escribir las frases de la antigüedad griega y latina que a él lo impresionaban más. (…) Así que a eso fui… Uno tiene que perder mucho tiempo para escribir una novela, y la novela tiene que transformarse en una especie de obsesión, hasta soñar con ella. Eso no todo el mundo lo entiende, entonces lo llaman a uno por teléfono a preguntarle tonterías. Pero uno está dándole vueltas a este tema. Y eso es el trabajo que hace uno. (…) Montaigne es un hombre que escribe cerca del mundo de él, que mira por la ventana al campo y sus amigos, que tiene monturas porque era aficionado a montar a caballo y libros y en seguida inscripciones el los techos. Bueno, no les puedo contar más porque después no van a leer mi novela. ero les voy a decir un detalle: Montaigne el año 1588, que es el año que comienza mi novela, por eso se titula “La muerte de Montaigne”, porque él murió cuatro años después. El caso es que Montaigne recibió una carta de una lectora y la lectora le dice que tenía 22 años – y el tenía 56 – pero que ella leyó sus ensayos cuando tenía 17 y le dice así: ‘quedé completamente traspuesta y desde entonces sólo pienso en usted y yo le quiero pedir que usted me adopte como hija de alianza’, no le dice hija adoptiva. Y entonces le da cita a Montaigne en París en donde ella está de visita porque es del campo también. Se sabe que Montaigne la fue a visitar. Se sabe que ella lo invitó a su casa de campo y que el anunció que iría por tres días y se sabe que él se quedó por cuatro meses. Y no se sabe si hubo una relación con esa chica, es posible que no, incluso, pero hay una escena que esta escrita: él camina con ella por la orilla de un río en el campo; él le dice: ‘búscate un hombre de tu edad’ y déjate de soñar con viejos como yo y a ella le dio un ataque de rabia cuando él dijo eso y ella tenía un moño y se sacó el pinche con que se sujetaba el moño, una cosa de metal, y se pegó varias estocadas en el brazo, andaba sin mangas porque era verano, y entonces salió un chorro de sangre y se sabe que Montaigne la consoló. Ahora ¿cómo la consoló?… Bueno, como yo soy un escritor que tengo esa manera conjetural, a ver si hago una conjetura de como fueron esos consuelos.”
Y todos reimos.
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Al final de la presentación, el presidente de la Cámara Chilena del Libro, Eduardo Castillo, hizo entrega de una medalla como homenaje a Jorge Edwards.
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