Ayer se dio una discusión en Wikipedia, donde los editores debatían sin ponerse de acuerdo como se enfatizaría la imagen de Roman Polanski: ¿Como un violador o como un gran cineasta? Ante la falta de resultado optaron por nada mejor que dejar no disponible su página en la enciclopedia online, con el fin de dirimir la disyuntiva.
La discusión ha sido recurrente desde su arresto en Suiza, el pasado Sábado, producto de una orden de captura internacional que Estados Unidos tiene en su contra tras su fuga en 1978 por no querer hacer frente a las acusaciones de violación contra Samantha Gailey, una chica de 13 años a la cual drogó y le dio alcohol antes de tener sexo con ella en el año 1977.
La vida de Polanski no ha estado fuera de la polémica. Desde 1969 cuando Charlie Manson asesinó a su mujer y su futuro hijo, hasta el hecho de que 32 años después no ha tocado suelo estadounidense, son hitos en la vida de un cineasta, donde curiosamente, hasta hoy, su obra nunca había sido eclipsada (ni siquiera se había osado) por su hoja penal.
Y es que ahí está el punto. Polanski es conocido como viudo trágico, como abusador de una menor precisamente gracias a entregas como “La Novena Puerta”, “Chinatown”, “Perversa Luna de Hiel”, “El Bebé de Rosemary” o más recientemente “El Pianista” que le valió la redención frente a una industria cinematográfica que nunca lo dejo de mirar como un gran creador.
Es su obra la que lo ha connotado como persona, incluso con sus grandes errores personales, y no se puede permitir (en honor a su aporte a las artes y no de su persona por cierto) que se la defina de otra forma, aun cuando partimos de la premisa que esta viene influida por las vivencias personales del director lo que permite entender mejor su visión cinematográfica.
Usando una analogía, qué le parecería a los amantes del fútbol que Maradona sea definido como un drogadicto perdido antes que uno de los mejores (sino el mejor) 10 de la historia del fútbol.
O bien a los amantes de la música, que a Michael Jackson se le sindique como un pederasta antes de un genio que reinventó la música. Y por qué no, a los lectores acérrimos de poesía que la última definición de Gabriela Mistral sea su recién descubierto lesbianismo.
Lo cierto es que Maradona habría sido un drogadicto más, Michael Jackson otro pederasta del montón, y Mistral una de tantas lesbianas pululando en este mundo sino fuera por sus tremendos aportes en sus respectivas áreas.
Lo mismo pasa con Polanski.
Hoy el viejo Roman está nuevamente casado con Emmanuelle Seigner, ya fue perdonado por Samantha Gailey quien pidió a la Corte Suprema de Los Angeles que se retiren los cargos hace unos años (algo que fue desoído por los tribunales), y está ad portas de enfrentarse a los fantasmas que lo han perseguido durante 32 años.
Ojalá con esto la obra del director pueda descansar en paz de una vez por todas y así se empiece a apreciar como corresponde: nada más ni nada menos que un tremendo aporte al cine y la cultura.
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Quiero hacer una analogía con lo ocurrido con el lesbianismo de Gabriela Mistral.
Si bien esto no es un delito, ni nada parecido como la acusación de violación de Polanski, si se levantaron voces puristas que apuntaban a no banalizar la obra de la poetiza.
Creo que estos datos de la vida personal de los creadores sirven para ayudar a entender la obra de ellos en sus contextos personales, para darles relecturas y por qué no enriquecer la visión sobre el legado de estos.
Ahora, en ningún caso para ponerlos como pináculos de sus carreras profesionales, o para poner sus vidas personales por sobre la obra de estos mismos.
вполне возможно,я думаю