Cuentan que promediando los años cincuenta Will Eisner se encontró con Rube Goldberg durante una cena de la Organización de Historietistas Profesionales de Nueva York. Eisner, creador de la serie “Spirit”, defensor de los derechos de la propiedad intelectual de los autores frente al oscuro monopolio que imponían (e imponen) los ’syndicates’ y uno de los primeros creadores de historietas que intuyó el potencial de este medio como un arte más que como un mero entretenimiento, intentó convencer a Goldberg de que la historieta es un arte. “¡Pamplinas!”, dicen que respondió Goldberg, quien por aquel entonces era uno de los historietistas más destacados del medio. “¡Las historietas no son un arte, sino entretenimiento de vodevil!”
La historieta ha vivido desde siempre una situación de incomprensión, un encasillamiento como pasatiempo ligero y banal que ha impedido que muchas de sus obras y autores reciban el reconocimiento que merecen y que a este medio se le saque todo el provecho que puede rendir; provecho tanto literario como artístico e incluso dramático. Y este prejuicio es aún más notable en los mercados periféricos, como por ejemplo, Chile, en donde el término “historieta” todavía es sinónimo de entretenimiento para la infancia, prescindible e intrascendente, no sólo para el común de los mortales sino también, en muchas ocasiones, entre aquellos que se consideran medianamente cultos.
Me atrevería también a decir que muchos creadores y fans de la historieta caen también en esta falacia. Y no me refiero sólo a gente
como Rube Goldberg, que consideraban la historieta como mero entretenimiento, sino también a aquellos autores y seguidores que se exilian en círculos herméticos y elitistas, aislados del resto del mundo, como monjes encerrados en monasterios ficticios en donde brilla la llama de “la verdadera historieta”. Por alguna razón se me viene a la cabeza la imagen del “hombre de la tienda de cómics” de la serie animada Los Simpsons que parece hecho a imagen y semejanza de ese consumidor de cómics actual.
Es probable que estos individuos, los ‘integristas de la historieta’, por llamarlos de alguna forma, sean tan peligrosos y desestabilizadores para la salud del mundo del cómic como lo son aquellos que no le dan mayor trascendencia. El mundo de la historieta es muy vasto y abrazar una u otra postura significa aplacar ese potencial para ofrecer una sola dimensión, plana y aburrida, de un mundo que ofrece muchísimas más posibilidades y está compuesto de más matices.
Es triste ver que la oferta de historietas en la actualidad esté enfocada sobre todo a este perfil de consumidor ‘nerd’. Hace tiempo que la mayoría de los niños y jóvenes ya no leen historietas puesto que se encuentran atraídos por el entretenimiento que ofrecen las consolas de videojuegos las cuales han erosionado el mundo del cómic infantil y juvenil hasta hacerlo desaparecer. Pero, por otro lado, no se puede negar que la industria de la historieta ha pecado por exceso de comodidad y que poco se ha atrevido a realizar los cambios necesarios para acabar con el ghetto cultural en el que los cómics se han autoexiliado.
Por ejemplo, el mundo de la literatura ofrece docenas y docenas de posibilidades para un lector: hay literatura de guerra, de
romance, dramática, histórica, futurista, erótica, de aventuras, mística, optimista o distópica, política, alegórica, detectivesca, infantil, juvenil o madura. La literatura puede ser ligera como el aire o densa como el plomo, sutil como una pluma o directa como un puñetazo, popular como un best-seller o elitista como un manuscrito. Puede ser masculina, femenina, neutral o incluso homosexual. Puede ser breve como un cuento o larga como un novelón. Puede ser ficción, ensayo, narrativa o periodística. Puede ser efímera o atemporal. En otras palabras, la literatura abarca todas las facetas que nos interesa a los seres humanos, y por eso, llega con gran facilidad a amplios sectores de la población. ¿Por qué la historieta no puede encumbrarse de igual manera?
Posiblemente la clave para conseguir el ‘desencasillamiento’ de la historieta consista en saber apreciar la enorme variedad de alternativas que existen a la hora de crear una que, hasta el momento, parece basarse sobre todo en el género de aventuras, el humor y los tan manidos superhéroes, y cuyos creadores tienen una tendencia a abusar de la alegoría y el recurso simbólico en vez de tratar temas controversiales -o banales- de forma frontal y sin rodeos. ¿Para qué encerrarse en fantasías escapistas cuando la historieta puede llegar a tanta gente si está bien escrita y dibujada?
Acá en Chile, por ejemplo, la época del gobierno militar -y la vida cotidiana durante aquellos duros años- ha sido inspiración de muchas historietas, desde personajes satíricos como “Super Cifuentes” del gran Hervi hasta el “Checho López” que salía en las páginas de Trauko. Hasta el momento ningún autor se ha atrevido a enfrentar ese período de la historia de nuestro país con una crudeza similar a la que Art Spiegelman impuso en su aclamada obra ‘Maus’ en la que se refirió al holocausto judío en la Alemania Nazi, o la reveladora cotidianeidad de Marjane Satrapi en su obra ‘Persépolis’, que tanto ayuda a entender la psicología de la gente común y corriente detrás del régimen iraní. Son obras que han sido aclamadas no sólo en el reducido mundillo de la historieta, sino que han roto esas fronteras y se han establecido como referentes de la literatura mundial.
En mi opinión, ese es el rumbo que debe seguir el cómic para que sea realmente tomado en serio. Es necesario romper con la inercia que produce las décadas de encasillamiento en el rubro del entretenimiento infantil. Es necesario dejar de lado manierismos, formas y géneros ya desfasados y abrir las alas. A medida que se vayan explorando los nuevos medios al alcance de los creadores, es más que probable que la historieta encuentre un número cada vez mayor de personas dispuestas a ver y leer lo que el arte secuencial es capaz de ofrecer.
Etiquetas: análisis, comic, Historieta
Excelente reflexión en torno a la situación actual de la historieta. Creo no exagerar si digo que es uno de los mejores textos escritos sobre el noveno arte que he leído en mi vida.
Felicitaciones por este nuevo espacio, y sigan así.